60.- LA SONRISA DE SÍSIFO
La piedra que Sísifo empuja hasta la cima de
la colina puede parecer, contemplándola desde fuera, desde lejos, el mudo
testigo de una condena...
Condena divina, sin embargo, y por ello
precisamente, pletórica de enigmas y misterios...
No es suficiente con conocer la piedra, hay
que reconocerla...
Para los que no creen en el alma o el
espíritu de las cosas de nada servirá hablarles de ello, se negarán a reconocer
la naturaleza de la piedra...
Y no obstante, la piedra sola, a la vista de
todos, mantiene intacto su enigma, su misterio...
Amparado por su condena Sísifo comenzó a
disfrutar de pequeños intervalos de libertad, mientras bajaba por la ladera de
la colina, en busca de esa piedra que ya no le condenaba tanto como al
principio...
el ser humano es animal de costumbres...
Algunos aseguran que hubo momentos en los que
fue posible contemplar la sonrisa de Sísifo, y además cuando subía, cargado con
la piedra y que al bajar se entretenía mucho silbando y contemplando el
horizonte...
Un día, en el fondo del valle, apoyado en su
piedra, clavó una uña sobre ella. Se sorprendió de que no fuese tan dura. Había
encendido un fuego para calentarse y lanzó sobre él el pequeño trozo que había
desprendido...
Del fuego surgió entonces un aroma que
únicamente podía ser divino. Sísifo aspiró el humo y se sintió acogido por una
agradable sensación de placidez...
Fue al estanco, compró tabaco y papel de
liar, y el resto es cosa sabida, no hubo cima que se le resistiera...
…y de este modo Sísifo se convirtió en el rey
de los alpinistas...

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