50.- LA SABIA ABOGADA ANDRÓGINA
DEL AMOR
Dijo
Sin duda, el hombre aquel, debió
de haber dejado tras de sí algunas semillas para que el vacío sueño de hadas de
una niña floreciera así, en aquel jardín... ¿quién había sido para que aquella
trama, sin pies ni cabeza, comenzase a tomar una configuración tan alejada de
lo que había sido su pensamiento a raíz de su intención original?...
El sentido volvía a perderse, y
todo resultaba ser un caos en el que las palabras volvían a quedarse sin
razón...
Algo debía de cambiar, era
necesario que algo cambiase radicalmente, y debía comenzar por ella misma, por
sus movimientos no condicionados ni condicionantes, de nuevo debía dejarse caer
sobre aquel abismo que se abría sus pies si es que acaso buscaba una posterior
elevación...
Nosotros llevaremos el peso de
estos tiempos tan tristes. Diremos lo que nos dicte el corazón, no lo que
deberíamos decir. Evidentemente la vida es cosa de locos... El artista hoy,
como el de ayer, si quiere serlo de verdad, debe enfrentarse con su propia
soledad. No es nuevo, ya lo sé, como tampoco es nuevo que a partir de ahora el
espacio por sí mismo y el tiempo por sí mismo están condenados a desvanecerse
en meras sombras, y solamente una especie de unión de los dos conservará la
independencia...
El espacio-tiempo controla al
individuo diciéndole cómo ha de moverse, y el individuo controla al
espacio-tiempo diciéndole cómo debe mostrarse...
Al fin y al cabo todo lo que
puede perderse nunca ha sido verdaderamente de nadie…

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