9.- NOCHE DE OTOÑO
Praidomar, como solía ser en él costumbre,
preso de su indiferencia espiritual,
se había perdido, pero no en el espacio
exterior, sino en su mente.
Tanta indiferencia en los cruces de caminos
es lo que tiene,
y sin embargo estaba bien, era de noche,
hacia la mitad de la vida,
con una luna que crecía cayendo sobre la
carretera que atravesaba Alpreidelmar,
por donde también caminaban las nubes.
Suele ser este un fenómeno típico del lugar,
el mar tiene este efecto sobre la isla.
Con aquella imagen se podía afirmar que el
cielo se paseaba sobre la tierra,
o que Praidomar, a esas horas, solía caminar
entre nubes,
aunque fuese de noche, o precisamente por
eso,
y en el camino más que tierra hubiese mar,
cielo más bien.
Una luz a lo lejos, apenas perceptible,
determinaba un punto de llegada,
si uno se detenía, o de paso, si se optaba
por continuar;
y Praidomar se detuvo, no porque anduviese
buscando algo en particular,
sino por ejercitar su capacidad de asombro
y descubrir lo que aquel lugar contenía,
aparte de “una soledad poblada de aullidos”.
Aunque así se llegaría a manifestar,
no lo hizo precisamente en aquel momento.
¿Sería capaz de volver a provocar una sonrisa
sin tan siquiera pretenderlo, sin palabras,
abandonado al reto de la mirada?
Desconocía las variables tempotransitales en
las que se llevó a acabo la pregunta;
casi fueron nueve años para descubrir que
podía plantearla,
y apenas un instante para darse cuenta
de que tres días atrás la respuesta se había
hecho evidente
en aquel lugar donde ahora se detenía.
¿Cómo atreverse a preguntar por el sentido
de todos aquellos cantos de sirenas
imaginarias?
¿Personal pedagogía divina?
Se veía venir, y así fue, esta noche terminó
sucediéndome algo curioso,
aunque dicen mis amigos que lo curioso sería
que a mí me sucediese algo normal;
se me ha caído un sentimiento sobre un
esquema, casi un laberinto,
con el que trataba de representar la
eternidad,
tres años después de cuando entonces, sobre
el borrador inicial original todavía,
casi original, y como casi todo otra copia, y
he sentido un calor frío,
como si una corriente que hubiera debido
electrocutarme
me hubiese finalmente perdonado la vida;
no he podido hacer otra cosa que sonreír...

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