23.- LAS NUBES
Aquel día creía que paseaba solitariamente
por el campo. Se encontraba a unos siete, quizá tres solamente, kilómetros del
pueblo, sobre una loma desde la que podía contemplarse aquel infinito mar de
tierra que inundaba el paisaje.
Y allí se encontró con la otra, apoyada en
aquella columna que parecía sostener al cielo, aplaudiendo a las nubes...
-¿De verdad crees que ellas necesitan que las
aplaudas?...
-No lo hago por ellas, lo hago por mí; de
alguna manera necesito sentir que aún dispongo de la libertad suficiente para
elegir a mis héroes.

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