47.- LA LEY DEL CAMBIO
...Hay días en los que no se le
ocurre a uno otra cosa que arrancarlos del calendario...
Cambiarás, como el encantador
movimiento de las rayas del tigre,
es cuanto puedo decirte de tu
viaje...
Cambiarás, como el encantador
movimiento de las rayas del tigre,
y cuando quieras darte cuenta,
sin saber muy bien cómo,
vas a encontrarte en la otra
orilla
de ese
océano que nunca tuviste intención de atravesar...
Cambiarás, como el encantador
movimiento de las rayas del tigre,
y quizá te atrevas a recordar
entonces, olvidando,
a propósito, que la memoria
suele ser, las más de las veces, imaginaria...
Con atención, y no porque se
camine perdido, sino porque cada día siguen apareciendo cosas que tenemos el
deber de hacer... ¿Y qué era eso tan importante?...
Hubiese podido decir no, y
saltar, pero se negó a elegir, sabia elección donde las haya, y aún más por
inconsciente...
Por eso se abandonó a las olas,
a la ilusión del viento, no conservando más que un nombre, inventado, de
nadie...
Adivinó entonces, es decir,
imaginó con justeza, y por un descuido casi llega a inventar aquello que a
duras penas pudo silenciar, gracias al plagio...
Mejor así...
Silueteado en el horizonte
apareció entonces Praidomar, con su porte característico, no con esa paz de
quien nada desea porque cree poseerlo todo, sino con la paz de quien nada desea
porque todo lo ha dado...
Hasta el deseo de desear.

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