EL CHARCO QUE SOMOS
Pensar, creer, sentir,
convivir, amar,
puertas a la felicidad…
y hay que atravesarlas,
de una forma o de otra,
siempre adecuando la
herramienta al fin.
Aunque puedas
clavar puntas con un
lápiz,
es mejor disponer de un
martillo.
Negar las puertas
por las que no se ha
pasado,
olvidando que la razón no
lo puede todo,
quizá tenga que ver
con no haberse enterado
de nada
en este camino hacia la
verdad,
la bondad, el bien y la
belleza…
¡Ay, la belleza!
¡Todo el cielo cabe en un
charco!

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