jueves, 27 de agosto de 2026

RESTOS DEL NAUFRAGIO...56


 

43.- EL MEDIDOR DE ETERNIDADES                                                             

 

Primero tuviste un sueño, después descubriste que era cuanto tenías...

Se preguntó por la posibilidad de encontrarla y recordó acto seguido que antes,

siquiera por exigencias del guion, debería al menos tener la capacidad de inventarse...

 

Yo no quiero perderme, sino hallarte...

y adivinarme en ti, como un enigma...

 

Se trataba de un primer paso, ya dado; miró al horizonte que se abría delante de él, infinito, como cuanto se ignora, y movió los pies cantándose una cancioncilla

en voz muy baja, como para sí mismo:

“Si les dejara la noche serena, que muestra otras estrellas en cadena...”

 

“Entre aquí quien desee la eternidad, y no se olvide al salir de dejar la puerta abierta”-...

Y sin embargo la puerta estaba cerrada... ¿no habría entrado todavía nadie?...

Alguien pretendía jugar muy en serio.

Acudió a la fragua del divino Efestos y le preguntó

sí le podría forjar una llave que abriese aquella puerta...

-¿Para qué quieres entrar ahí?- le preguntó el herrero...

-Quisiera medir algo, y tengo la certeza de que el instrumento que necesito

se encuentra al otro lado.

 

Déjate conducir más arriba de la gran claridad, hasta llegar al manantial de la más encumbrada luz, para que entres por la puerta de la oscuridad profunda y llegues hasta el manantial de la más encumbrada oscuridad...

 

Según dejó dicho el hombre aquel, si en la memoria del mundo

no hay nada que corregir, lo único que nos queda por hacer

es corregir la realidad allí donde no concuerde con la memoria del mundo;

y yo creí poderla encontrar al final,

no hallando otra cosa que su ausencia del principio...

 

 

 

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