43.- EL MEDIDOR DE ETERNIDADES
Primero tuviste un sueño, después descubriste
que era cuanto tenías...
Se preguntó por la posibilidad de encontrarla
y recordó acto seguido que antes,
siquiera por exigencias del guion, debería al
menos tener la capacidad de inventarse...
Yo no quiero perderme, sino hallarte...
y adivinarme en ti, como un enigma...
Se trataba de un primer paso, ya
dado; miró al horizonte que se abría delante de él, infinito, como cuanto se
ignora, y movió los pies cantándose una cancioncilla
en voz muy baja, como para sí
mismo:
“Si les dejara la noche serena,
que muestra otras estrellas en cadena...”
“Entre aquí quien desee la
eternidad, y no se olvide al salir de dejar la puerta abierta”-...
Y sin embargo la puerta estaba
cerrada... ¿no habría entrado todavía nadie?...
Alguien pretendía jugar muy en
serio.
Acudió a la fragua del divino
Efestos y le preguntó
sí le podría forjar una llave
que abriese aquella puerta...
-¿Para qué quieres entrar ahí?-
le preguntó el herrero...
-Quisiera medir algo, y tengo la
certeza de que el instrumento que necesito
se encuentra al otro lado.
Déjate conducir más arriba de la
gran claridad, hasta llegar al manantial de la más encumbrada luz, para que
entres por la puerta de la oscuridad profunda y llegues hasta el manantial de
la más encumbrada oscuridad...
Según dejó dicho el hombre
aquel, si en la memoria del mundo
no hay nada que corregir, lo
único que nos queda por hacer
es corregir la realidad allí
donde no concuerde con la memoria del mundo;
y yo creí poderla encontrar al
final,
no hallando otra cosa que su
ausencia del principio...

No hay comentarios:
Publicar un comentario