jueves, 27 de agosto de 2026

RESTOS DEL NAUFRAGIO...50


37.- EL TONTO DEL PUEBLO                                                                        

Al tipo aquel no le importaba que le tomasen por tonto. Recordaba de niño haber conocido al que los otros tomaban por el tonto oficial del pueblo y recordaba también su mejor sentencia, aquella con la que replicaba a quienes eran tan listos que únicamente podían reírse de él; les decía: El tonto soy yo, pero los que trabajáis sois vosotros...

...y no es que él estuviese en contra de la realización personal del hombre a través del trabajo, es que conocía muy bien lo que la palabra trabajo significaba para los otros...

Con respecto a él era cierto, desde su nacimiento, no se recordaba que nadie le hubiese visto “darle un palo al agua”. Lo cual no significaba que en toda su vida no hiciese nada, al contrario, siempre estaba ocupado con las actividades más dispares; como aquel experimento que había realizado en la bodega de su padre, según dijo con algo que había encontrado enterrado en el campo, y que todos creyeron que debió de tratarse de una bomba, quizá procedente de la última guerra, porque aquello estalló y se cargó todas las tinajas que había en la bodega, transformándose la misma en un lago de rosado, pues algunas tinajas estaban llenas de tinto y otras de blanco.

Cuando debido al ruido provocado por la explosión su padre llegó a la puerta de la bodega donde él, el tonto del pueblo, miraba atónito el producto de su experimento, no se le ocurrió decir otra cosa que: El blanco y el tinto eran mentira, padre, el rosado es la verdad.

Fue por aquello que su padre decidió mandarlo a un internado de chicos con problemas, especialmente enfermos. Tres meses más tarde recibió una carta del director del centro que decía: Haga usted el favor de venir y llevarse de aquí a su chico, que nos está volviendo a todos locos.

Cuando fue al internado a recogerle, en el viaje de vuelta al pueblo, el padre le preguntó al hijo si tenía decidido lo que quería ser en la vida, que está bien que un hombre se plantee metas; a lo que el hijo contestó que si, que había decidido convertirse en monumento, porque en el pueblo no había ninguno y era ese un detalle que decía muy poco a favor de aquel lugar...

 


 

No hay comentarios:

Publicar un comentario