13.- LLHDMV
EL TESORO DEL ARCO IRIS...
Imagino su amor, pensando que es cierto,
y no es sino su amor todo el amor que invento...
Así dijeron que pensaba el amante al iniciar
el camino
hacia el lugar de donde surgía el Arco Iris.
Creyó que bastaría con alcanzar uno de los
dos extremos.
Una leyenda le había informado
de que en uno se escondía un tesoro, y en el
otro su reflejo...
Pero al llegar no encontró diamantes, ni oro,
ni perlas,
ni esmeraldas, ni plata, ni rubíes;
tan sólo descubrió un manantial de agua
cristalina
en la que pudo contemplarse como en un
espejo.
Bebió para saciar la sed y se encontró a sí
mismo,
lo creyó al menos...
De ese modo, creyendo saber
quién era él verdaderamente,
deseó alcanzar el otro extremo
para descubrir
qué era lo que el Arco Iris consideraba un
tesoro.
A mitad de camino halló la flecha,
tirada en el suelo, como dormida,
como si después de un largo viaje
se hubiese detenido a descansar,
sin herir a nadie en su vuelo.
El amante tomó la flecha y
continuó caminando.
Sobre la rama de un olivo que crecía al lado
del camino
divisó al Ave Fénix, y se acercó despacio
para no asustarle.
-¿Eres un cazador?- le preguntó el Ave Fénix.
-¡No!- respondió el amante-, la flecha está
dormida,
y el arco no me pertenece.
-Entonces tendrás que entregar la flecha- le
dijo el Ave Fénix.
-¿A quién?- preguntó el amante.
Y el Ave Fénix respondió:
-A quien encuentres al final de tu camino,
quién sabe si no se tratará del principio del
fin...
Quizá por eso, mientras camino,
imagino su amor, pensando que es cierto,
y no es sino su amor todo el amor que
invento.
Para
ti y tu maravilloso presente,
en recuerdo de cuanto aún nos queda por
vivir…

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