51.- ALPREIDELMAT
Vivimos en un
mundo en el que nuestra principal misión debería ser “el agradecimiento y la
alabanza a Dios”, pero, amparados por las opiniones de los necios, la hemos
sustituido por ansiolíticos, antidepresivos, vacunas varias y radicalismos de
campanario -fomentados por viciosos, ladrones y criminales que se inventan el
mal para aparecer ellos como buenos-. La gramática del “be, be, be” permite
señalar con facilidad a quienes lo digan con “v” por contestatarios. Son
caminos que van de cabeza, por falta de ella, a la desesperación. Se
desaconseja ver donde todos van ciegos por la que les han liado.
Así las cosas,
la identidad propia, el lugar propio, saber quién es uno mismo… ¿A quién le
importa?...
En
Alpreidelmat, el lugar de la ilusión, solo es posible desaparecer. No me
preguntes cómo lo hacemos, sería incapaz de responderte.
Es cierto que
la raíz del crecimiento se alimenta de ausencias, pero Praidomar había
renunciado a la táctica del pato salvaje: no removería el cieno del fondo para
enturbiar el agua. La misión para saciar la propia sed era dar de beber a
otros; en tanto que seguidor del “Proexistente” se trataba de aprender para la
felicidad de los demás.
Sabía que si
le decía la verdad no tendría más remedio que mentirle.
Tuvimos un
sueño, en alguna ocasión, aún lo recordamos, creíamos tener un sueño, y eso fue
lo único, nuestra única prueba… Aceptar como armas el amor, la fe y la
esperanza sin saber de dónde venían se le apuntó como gracia…
Se creyó que
unieron sus sueños sin tan siquiera anunciarlo, pero los sueños son “don de
Dios” y solo Dios sabe a dónde llevan. Todavía quedan lugares en los que no
se permite morir a los muertos.
Aceptó el
fuego de Dios que le consumía mientras le transfiguraba e iluminaba. ¿Le
consumía? No, porque en el camino de la plenitud no hay pérdida.
Afánisis (el
deseo de no desear): A veces es preferible meterse las manos en los bolsillos y
echar a caminar por el mundo, por la parte habitable del mundo que nos queda,
convertidos en maestros del género del silencio…
Y otras veces
la contemplación haría desaparecer el instante perfecto, con su luna de nieve,
sus copas equivocadas, siempre del revés, hasta la eternidad en sus labios…
Es el dolor
quien nos hace cambiar y por eso consentimos en perdernos por lugares como
Alpreidelmat, esos lugares donde nadie ha sido nadie porque nadie ha necesitado
ser alguien, ni el propio tempotránsito…
Todas las
estrategias no son más que frágiles y engañosos sucedáneos que intentan
resolver, irrespetuosamente, el olvido…
Son ellos,
esos lugares los que se apropian para siempre de nuestra memoria y la
sobreviven…
¡Buenas
noches! ¡Estás en Alpreidelmat!

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