viernes, 28 de agosto de 2026

RESTOS DEL NAUFRAGIO...64


51.- ALPREIDELMAT

Vivimos en un mundo en el que nuestra principal misión debería ser “el agradecimiento y la alabanza a Dios”, pero, amparados por las opiniones de los necios, la hemos sustituido por ansiolíticos, antidepresivos, vacunas varias y radicalismos de campanario -fomentados por viciosos, ladrones y criminales que se inventan el mal para aparecer ellos como buenos-. La gramática del “be, be, be” permite señalar con facilidad a quienes lo digan con “v” por contestatarios. Son caminos que van de cabeza, por falta de ella, a la desesperación. Se desaconseja ver donde todos van ciegos por la que les han liado.

Así las cosas, la identidad propia, el lugar propio, saber quién es uno mismo… ¿A quién le importa?...

En Alpreidelmat, el lugar de la ilusión, solo es posible desaparecer. No me preguntes cómo lo hacemos, sería incapaz de responderte.

Es cierto que la raíz del crecimiento se alimenta de ausencias, pero Praidomar había renunciado a la táctica del pato salvaje: no removería el cieno del fondo para enturbiar el agua. La misión para saciar la propia sed era dar de beber a otros; en tanto que seguidor del “Proexistente” se trataba de aprender para la felicidad de los demás.

Sabía que si le decía la verdad no tendría más remedio que mentirle.

Tuvimos un sueño, en alguna ocasión, aún lo recordamos, creíamos tener un sueño, y eso fue lo único, nuestra única prueba… Aceptar como armas el amor, la fe y la esperanza sin saber de dónde venían se le apuntó como gracia…

Se creyó que unieron sus sueños sin tan siquiera anunciarlo, pero los sueños son “don de Dios” y solo Dios sabe a dónde llevan. Todavía quedan lugares en los que no se permite morir a los muertos.

Aceptó el fuego de Dios que le consumía mientras le transfiguraba e iluminaba. ¿Le consumía? No, porque en el camino de la plenitud no hay pérdida.

Afánisis (el deseo de no desear): A veces es preferible meterse las manos en los bolsillos y echar a caminar por el mundo, por la parte habitable del mundo que nos queda, convertidos en maestros del género del silencio…

Y otras veces la contemplación haría desaparecer el instante perfecto, con su luna de nieve, sus copas equivocadas, siempre del revés, hasta la eternidad en sus labios…

Es el dolor quien nos hace cambiar y por eso consentimos en perdernos por lugares como Alpreidelmat, esos lugares donde nadie ha sido nadie porque nadie ha necesitado ser alguien, ni el propio tempotránsito…

Todas las estrategias no son más que frágiles y engañosos sucedáneos que intentan resolver, irrespetuosamente, el olvido…

Son ellos, esos lugares los que se apropian para siempre de nuestra memoria y la sobreviven…

¡Buenas noches! ¡Estás en Alpreidelmat!

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