jueves, 27 de agosto de 2026

RESTOS DEL NAUFRAGIO...39

25.- CORONAS DE LA FILOSOFÍA...2                                                                                                       

Ahí precisamente se equivocaron, si, esos dioses incapaces del mínimo suicidio se equivocaron, y mientras tú sigas cambiando tu moneda por especias algo impetuoso se estará formando en las entrañas del planeta. No sé quién eres y tampoco lo que significas. Estás ahí, firme, con los puños cerrados, mirando a la nada, pensando en tu impotencia, y sigues respirando, cada vez más fuerte. No abandonarás tan pronto, y yo tampoco. Pero ayer lloré, y mucho. Toda queja lleva consigo un sufrimiento, y este se alivia en parte por la queja, una queja muy pequeña, imperceptible, muy pequeña, muy pequeña. Es imposible creer en la justicia cuando sólo la podemos encontrar en los diccionarios, no podemos creer en los imperpavustus, nadie nos los presentó..., y llega un momento en que los imperpavustus nos hacen indiferentes, sólo conocemos su nombre y advertimos curiosamente que se escriben con uve, nada más..., y pasado ese momento sabemos que son buenos, malos, son simplemente, son... Y los justos, los buenos imperpavustus, gobiernan la Tierra, la convierten en Edén, sin saber nada, sin intuir nada, todo dicen hacerlo por la pagada buena voluntad..., mientras, los injustos, los malos imperpavustus, son unos mediocres, desgraciados, impotentes y desalmados bichos salvajes que lo saben todo, que intuyen todo y por eso nada les está prohibido. ¿De qué les serviría decir que está lloviendo, que la rosa se marchita, que hoy su corazón se parte en mil pedazos? Terrible respuesta para unas manos y unos ojos que se han visto crecer, un minuto, una sombra, una brisa, la nada. Todo concentrado en el núcleo atómico de una esfera violeta, un suspiro, una descarga, la música. Con música hablas en el minuto, triste insistencia en no renunciar a la eterna caricia de un alto mensaje, minuto despierto, tranquilo y ya acabado. Torpe, inseguro, detienes tu paso, por ese minuto, por ese suicidio que inadecuado pasa. Aprisionar el tiempo hasta llegar a olvidarlo, tiemblan sumisas las pestañas y anuncian el sueño, piden cansadas la paz de los campos como la danza de las espigas y los cipreses altivos. El minuto que todo lo colma, que todo lo aparta, que llega hasta todo por no ser de nada, con nada, por nada. Grita. ¿Qué pides? ¿Qué estás rompiendo? ¡Qué estás volando sin saber que estás abajo y son los océanos los que empujan tus dedos y envuelven tus canas! Terrible minuto, complejo y distante, temido. ¿Quién quiere apartarte? Relegado a cálculos, siendo así sesenta vidas perdidas, tiradas, pequeñas..., somos incapaces de asirlas contra el pecho y sentirlas brillando. Quisieras perderte en tan sólo un minuto, gritando a los dioses que todo es mentira. Detienes tus pasos, contemplando absorto la gracia que emana de tus propias sombras teñidas de luces del ocaso, y por un minuto el color derrite el muro. Ya no importa que un día todo se olvide, que incluso el presente no sea ahora, porque ahora es siempre y siempre este minuto. Pero no cayó, sólo tendió su cuerpo bajo la lluvia, sólo formó parte de los caminos mojados, del perfume de la tierra cubierta de aguas y mares de nubes. Volvió sin miedo, eterno retorno. Un brazo pesado sujeta otro brazo ansioso de sueños, de eternos saludos a la Luna. Unidos en la noche sujetan unidos la tierra, las tumbas, los años, las aguas. Discurren como limpias velas, hablando los brazos con bocas de plata. Comprendió al fin que su salida fue inútil, su camino un tiempo circular entorno a un eje imantado de prejuicios acumulados a través de las generaciones, su destino una posibilidad de locura derivada de la incomprensión. Impotente y desnudo permaneció en silencio bajo las nubes..., sólo el tiempo puede perderse y él nunca tuvo noción de lo que representaba. Un trueno poderoso descargó rencores partiendo el día. Su corazón, también partido saludó acogiendo la llegada de la lluvia. Algo muy fuerte se entretenía en unir las distintas naturalezas. Giró la cabeza y una lágrima resbaló por su rostro cristalizando un suspiro retenido en la ausencia. Se alejó temblando, cansado de su fracaso.

 

 

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