jueves, 27 de agosto de 2026

RESTOS DEL NAUFRAGIO...28

15.- EL ORDEN DEL CAOS                                                      

 

El hombre aquel decía que, sea o no expresado,

un pensamiento es siempre algo real y potente...

¿Dónde está quien nos ha conducido por esta tierra de desiertos y abismos?...

Atrévete a decidir, pregunta sin miedo, elige la dirección, determina el sentido,

y quizá podrás ir por cualquier camino sintiendo la sonrisa del cielo sobre ti,

si bien es cierto que a veces la tierra muerde, y el cielo también.

De vez en cuando descubrirás algo hermoso, debes conservarlo para un regalo;

pero es necesario que aceptes tu papel en el juego,

y eso también es algo que tienes el deber y la obligación de inventar.

¿Sabré de lo que estoy hablando?

Me siento como atravesando el país de las hadas.

y sin embargo, moverse a través del territorio

es una necesidad para la vida animal.

Deberíamos controlar estos movimientos,

realizarlos conforme a nuestros propósitos.

Empeñado en ofrecer respuesta a los que no preguntan

y salir al encuentro de los que no le buscan... -¿Puede darse un amor más loco?-...

Posiblemente la verdad no sea otra cosa que una creencia

y el error no más que una quimera, por lo tanto, nos atreveremos a pensar

que quizá no andemos del todo equivocados si nos complacemos en afirmar

que los principios fundamentales del universo son el accidente y el error,

el olvido posiblemente... aunque sigamos recordando el paraíso.

Pese a tanto, por tan poco, paso a paso, cada día y cada noche,

apenas sin darnos cuenta

nos construimos o nos destruimos, nos forjamos o nos oxidamos...

y de eso tan sólo nosotros somos los únicos responsables:

 -“navegar es importante, vivir no tanto”-.

Quizá por eso a mi personalmente me alimente tanto contemplar

a esas ancianas felices, que las hay, en mayor número que los jóvenes,

añadiendo a cada día no otra cosa que “la vitalidad de su presencia”.

Esas maravillosas abuelas que se excusan, por un olvido,

con un “donde no hay cabeza tiene que haber piernas”

y vuelven a la pequeña tienda del barrio a por la sal,

que por cierto les ha prohibido el médico, por alta tensión,

sin la cual no podrían cocinar ese día, este día,

en su maravillosamente divina “casa de muñecas”...

Y es que les sobra razón cuando argumentan:

¡Ahora voy a comer sin sal!...

¡De algo hay que morir!...

Y ahí están las tres en la puerta de la calle, tomando el fresco,

entre las diez y las doce de la noche, quizá más si se tercia,

dos sordas y una que gusta poco de hablar ...

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario