15.- EL ORDEN DEL CAOS
El hombre aquel decía que,
sea o no expresado,
un pensamiento es siempre
algo real y potente...
¿Dónde está quien nos ha
conducido por esta tierra de desiertos y abismos?...
Atrévete a decidir, pregunta
sin miedo, elige la dirección, determina el sentido,
y quizá podrás ir por
cualquier camino sintiendo la sonrisa del cielo sobre ti,
si bien es cierto que a
veces la tierra muerde, y el cielo también.
De vez en cuando descubrirás
algo hermoso, debes conservarlo para un regalo;
pero es necesario que
aceptes tu papel en el juego,
y eso también es algo que
tienes el deber y la obligación de inventar.
¿Sabré de lo que estoy
hablando?
Me siento como atravesando
el país de las hadas.
y sin embargo, moverse a
través del territorio
es una necesidad para la
vida animal.
Deberíamos controlar estos
movimientos,
realizarlos conforme a
nuestros propósitos.
Empeñado en ofrecer
respuesta a los que no preguntan
y salir al encuentro de los
que no le buscan... -¿Puede darse un amor más loco?-...
Posiblemente la verdad no
sea otra cosa que una creencia
y el error no más que una
quimera, por lo tanto, nos atreveremos a pensar
que quizá no andemos del
todo equivocados si nos complacemos en afirmar
que los principios
fundamentales del universo son el accidente y el error,
el olvido posiblemente...
aunque sigamos recordando el paraíso.
Pese a tanto, por tan poco,
paso a paso, cada día y cada noche,
apenas sin darnos cuenta
nos construimos o nos
destruimos, nos forjamos o nos oxidamos...
y de eso tan sólo nosotros
somos los únicos responsables:
-“navegar es importante, vivir no tanto”-.
Quizá por eso a mi
personalmente me alimente tanto contemplar
a esas ancianas felices, que
las hay, en mayor número que los jóvenes,
añadiendo a cada día no otra
cosa que “la vitalidad de su presencia”.
Esas maravillosas abuelas
que se excusan, por un olvido,
con un “donde no hay cabeza
tiene que haber piernas”
y vuelven a la pequeña
tienda del barrio a por la sal,
que por cierto les ha
prohibido el médico, por alta tensión,
sin la cual no podrían
cocinar ese día, este día,
en su maravillosamente
divina “casa de muñecas”...
Y es que les sobra razón
cuando argumentan:
¡Ahora voy a comer sin
sal!...
¡De algo hay que morir!...
Y ahí están las tres en la
puerta de la calle, tomando el fresco,
entre las diez y las doce de
la noche, quizá más si se tercia,
dos sordas y una que gusta
poco de hablar ...

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