8.- POR DONDE QUIERAS
Si en alguna ocasión sientes próximo a ti al
rocío temblar de frío, esperando el amanecer, no es difícil, no será difícil,
constatar que como el sol no tiene otra cosa mejor que hacer volverá de nuevo
empujando al alba, si bien es cierto que algunos piensan que es la luz del alba
la que arrastra con su fuerza al sol; claro que también, por el mismo precio,
se podría decir que huye de la noche y viceversa, y eso sin participar de esa
política de altos vuelos que centra todos sus objetivos en ¿sanidad? ¿urbanismo?
¿educación? ¿justicia?... no, no y no, centra todos sus objetivos en subir los
impuestos... para generar estómagos agradecidos que confundan la vida con
tirarse pedos…
Como decía Cristóbal, uno de los pastores de
mi pueblo, al que las ovejas se le negaban a comer paja de los rastrojos: les
puse unas gafas con cristales verdes y le mordían hasta las ruedas del carro,
que eran de ‘madera y guierro’. Cuando las vecinas, con la escoba en la mano,
lo apremiaban para que sacase temprano las ovejas, les respondía: Estoy
esperando que barráis las puertas para cagarme en ellas. El rastro de las
ovejas, los garbanzos negros de Pulgarcito.
Son momentos, esos de la mañana, junto con
algunos de la tarde y otros de la noche, en los que uno tiene que estar
dispuesto a repartir todas las estrellas que contiene su sombrero. Por cierto
¿cómo puede llenarse un sombrero de estrellas?
Sea entonces el sombrero imaginario, tan
grande como el deseo sobrenatural humano puesto por Dios en nuestro insaciable
corazón.
¿Será el sombrero de un mago? ¿Tendrá Dios
forma de sombrero?
Hay preguntas que no quieren respuestas, sino
hacer ruido.
Desde un lugar en el que las espadas se
emplean como instrumentos musicales
y la pólvora para crear fuegos artificiales,
desde Alpreidelmar...
¿Cuál era el significado de la leyenda?¿Tenía
sentido?¿Existió realmente el loco?
Esta evidencia del mensaje del mago suele
dejarnos sin palabras.
Pero existen otros sonidos, musicales a
veces, colores, formas, imágenes,
volúmenes que ocupan un espacio...
Y así, en compás de diecisiete por cuarenta y
uno, se inició la melodía;
evidentemente la trama era musical,
y más de uno se abría sacado los ojos por
conocer semejante clave...
Por la terapia, al guitarrista de
le aconsejaron que hiciese ejercicios de
dedos, y no se le ocurrió al pobre
otra cosa que perderse en medio de la
multitud
y robarle la cartera a cuantos se le ponían a
mano.
Sorprendido en mitad de su acción la definió
en el pliego de descargos como:
“Anónima Dactílico Performance Aliviadora de
Cargas Excesivas”,
pero el juez, un exlicenciado en Filosofía y
Letras,
con el peligro que estos tienen, le dijo que
nadie le había pedido
que se convirtiese en el voluntario Sísifo de
todas las carteras del mundo
y le puso una multa que pudo pagar gracias al
fruto de sus ejercicios,
Después se oyó una voz que decía:
Algún día no nos quedará más remedio
que ir al mercado y hablar sobre el precio
del buey…

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