45.- LA RAYA DEL CIELO
Cortar el azar es atreverse
demasiado... Legendario, oculto, anónimo e impersonal, con mis trampas, mis
lazos y mis nudos de aire, yo, que pinto con humo: No hay peores ni más letales
sustancias que esas que se cuelan por cualquier parte, que se respiran sin
saberlo, en las palabras, o en el amor, o en la amistad... levantando templos a
la ausencia...
El hombre aquel parecía pues un
especialista en causas perdidas, y lo de buscar lo hacía con la sensación de
que ya llevaba en el bolsillo lo que andaba buscando... El mundo ya no importa
si uno no tiene fuerzas para seguir eligiendo algo verdadero...
Solamente me acuerdo de que debí
soñar algo maravilloso y que al final me sentía como expulsado, o yéndome, pero
a la fuerza, del sueño que irremediablemente quedaba a mis espaldas...
Tiemblas, o lo harás, pura y libre como
una llama, como un río de mercurio, como el primer canto de un pájaro cuando
rompe el alba, y es dulce decírtelo con palabras que no pareces creer que
existan fuera de los poemas, de los libros, ni crees que tenga derecho a
emplearlas...
Dónde estarás, dónde estaremos
desde hoy, dos puntos en el universo inexplicable, cerca o lejos, dos puntos
que crean una línea, dos puntos que se acercan y se alejan arbitrariamente...
Y sin embargo, los dos estamos
componiendo una figura, tú en un punto en alguna parte, yo otro en alguna
parte, desplazándonos, tejiendo un dibujo, una figura, al alcance sólo del
divino pintor...
Leyenda de interminables
silencios que buscan un sentido, mientras zurce retales de acá y de allá...
Sólo en sueños, los que aún se atrevan a soñar, en la poesía, en el juego, nos
asomamos a veces a lo que fuimos antes de ser esto que no parece podamos afirmar
ser...
...¿Y tú dónde estás?...

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