martes, 1 de septiembre de 2026

RESTOS DEL NAUFRAGIO...83


 

111.- SAN FRANCISCO DE ASSÍS                                                                              

 

Durante los nueve años de mi estancia en la isla hubo un cuadro que permaneció siempre en mi estudio, que ya llevé hecho desde La Mancha, sobre la ventana, contemplando las generaciones y cambios, los procesos, de todos los cuadros que allí surgieron mientras él permanecía, si bien es cierto que también sufrió un ligero retoque, pero respetando siempre el elemento protagonista que le definía: San Francisco de Assís...

 

Se trata de una copia de la obra de Zurbarán, a la que yo había apañado el rostro para que se pareciese a mí lo más posible, de hecho lo consideraba mi mejor autorretrato de entonces, y cuantos lo vieron me preguntaban por qué me había pintado vestido de fraile...

 

El cuadro, en un principio, llegó a la isla con un gesto poco propio de un santo, miraba al cielo sacando la lengua, suele la juventud ser ignorante, necia y arrogante...

 

Con el paso del tiempo, recibidas algunas coces, aquel San Francisco que era yo, terminaría tragándose la lengua y suprimiendo lo que estaba a su espalda -una alegoría de las tentaciones- y adoptando el aire místico que por naturaleza le correspondía...

 

Al abandonar la isla lo regalé a un amigo que siempre había mostrado cierta admiración por él. Pese a que me acompañó durante tanto tiempo, no fui capaz de imaginar entonces la importancia que San Francisco terminaría teniendo en mi vida...

 

Hoy contemplo ese tiempo como proceso de aprendizaje, de purificación; comencé con un dios al que me permitía sacar la lengua y terminé frente a un misterio ante el cual no supe qué decir...

 

...y lo demás fue un no saber, un estar, un esperar sin saber qué...

 

...un proyecto de viaje...  “al fin de la tierra”... a Finisterre...

 

Unos amigos me dejaron una guía de  “Monasterios Hospederías de España”  y el más próximo a Finisterre estaba el primero en la página por la que al azar abrí la guía (al menos así es como lo recuerdo): Louro-Muros. Franciscanos...

 

Cuando por fin llegué al cabo Finisterre hacía ya dos años que vivía en Santiago de Compostela, en el Convento de San Francisco...

 

 

 

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