75.- EL FIRMANTE
A sus setenta y cinco años aquella muestra
antológica de su pintura tenía para él un secreto y especial atractivo. Allí se
encontraba como centro de la exposición su cuadro más emblemático, “Los
Jardines de Lao”, la obra que veinte años atrás, en pública subasta, por el
capricho asegurador de una compañía de seguros, le había convertido en el
pintor vivo más caro de la historia.
Jamás había emitido, en ninguna rueda de
prensa o entrevista, un juicio de valor sobre aquel lienzo, que de un día para
otro, le hizo pasar de ser un anónimo y miserable pintor a convertirse en el
ojo del huracán de la pintura de su tiempo.
En la sala central de la exposición, a solas,
se situó delante del cuadro y jugó con la mirada sobre él, dando pasos adelante
y atrás, sin dejar de contemplarlo, descubriéndolo, como si le viese por
primera vez...
Dominaban los azules y los blancos, con
algunos minúsculos toques de rojo y amarillo acá y allá. Se trataba realmente
de un cuadro impresionante en el que se concentraban una tras otra todas las
características de su personal estilo, cuya técnica se asentaba en un elemento
aleatorio irrepetible... Y sin embargo, aunque le reconocía como suyo, era
incapaz de recordar dónde, cómo y cuando le había pintado...
La fecha del cuadro, bajo su firma, le decía
que lo había realizado con algo más de veinticinco años, pero no podía
concretar más, porque aquel año, impuestos por Ananque, había realizado varios
cambios de residencia...
Pasó despacio sobre el cuadro las yemas de
los dedos, sin tocarle apenas, analizó las firmas; fue por aquel entonces
cuando adquirió la costumbre de firmar en los dos ángulos inferiores, no
añadiendo más pintura, sino grabando con un punzón sobre el óleo fresco, decía
que así firmaba con el vacío, y la verdad es que no le faltaba razón. Constató
que la de la derecha era evidentemente suya, perfecta y cerrada...
...por el contrario, la firma de la izquierda
estaba abierta, con una variante en el trazo final que le hizo incapaz de
reconocerla como suya...
Se había vanagloriado siempre de ser un
pintor de la experiencia personal y sin embargo allí estaba, ante una obra que
había olvidado y que contenía una firma que no era la suya. Descolgó el cuadro
por ver si tenía escrito algo por detrás y halló bajo el título la siguiente
dedicatoria: “Para ti y tu maravilloso presente, en recuerdo de cuanto aún
nos queda por vivir”…
...al
pie del texto la firma se abría...

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