martes, 1 de septiembre de 2026

RESTOS DEL NAUFRAGIO...78


 

75.- EL FIRMANTE                                                                                                     

 

A sus setenta y cinco años aquella muestra antológica de su pintura tenía para él un secreto y especial atractivo. Allí se encontraba como centro de la exposición su cuadro más emblemático, “Los Jardines de Lao”, la obra que veinte años atrás, en pública subasta, por el capricho asegurador de una compañía de seguros, le había convertido en el pintor vivo más caro de la historia.

 

Jamás había emitido, en ninguna rueda de prensa o entrevista, un juicio de valor sobre aquel lienzo, que de un día para otro, le hizo pasar de ser un anónimo y miserable pintor a convertirse en el ojo del huracán de la pintura de su tiempo.

 

En la sala central de la exposición, a solas, se situó delante del cuadro y jugó con la mirada sobre él, dando pasos adelante y atrás, sin dejar de contemplarlo, descubriéndolo, como si le viese por primera vez...

 

Dominaban los azules y los blancos, con algunos minúsculos toques de rojo y amarillo acá y allá. Se trataba realmente de un cuadro impresionante en el que se concentraban una tras otra todas las características de su personal estilo, cuya técnica se asentaba en un elemento aleatorio irrepetible... Y sin embargo, aunque le reconocía como suyo, era incapaz de recordar dónde, cómo y cuando le había pintado...

 

La fecha del cuadro, bajo su firma, le decía que lo había realizado con algo más de veinticinco años, pero no podía concretar más, porque aquel año, impuestos por Ananque, había realizado varios cambios de residencia...

 

Pasó despacio sobre el cuadro las yemas de los dedos, sin tocarle apenas, analizó las firmas; fue por aquel entonces cuando adquirió la costumbre de firmar en los dos ángulos inferiores, no añadiendo más pintura, sino grabando con un punzón sobre el óleo fresco, decía que así firmaba con el vacío, y la verdad es que no le faltaba razón. Constató que la de la derecha era evidentemente suya, perfecta y cerrada...

...por el contrario, la firma de la izquierda estaba abierta, con una variante en el trazo final que le hizo incapaz de reconocerla como suya...

 

Se había vanagloriado siempre de ser un pintor de la experiencia personal y sin embargo allí estaba, ante una obra que había olvidado y que contenía una firma que no era la suya. Descolgó el cuadro por ver si tenía escrito algo por detrás y halló bajo el título la siguiente dedicatoria: “Para ti y tu maravilloso presente, en recuerdo de cuanto aún nos queda por vivir”…

  ...al pie del texto la firma se abría...

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