martes, 1 de septiembre de 2026
RESTOS DEL NAUFRAGIO...92
125.- LA BENDICIÓN
...Abrahán se sintió bendecido
por Dios y por eso todos los pueblos han sido bendecidos en él; todos los
pueblos pueden considerarse afortunados de que haya existido un hombre como
Abrahán...
...“En ti se bendecirán
todas las naciones de la tierra”...
...“Bendecid, pues habéis
sido llamados a heredar una bendición”...
...Sólo el que se sabe bendecido
sabe bendecir y sabe ser una bendición para otros. Si nuestra vocación es pasar
por la vida bendiciendo, las bendiciones que damos no son sino la expresión de
la bendición que nos habita desde toda la eternidad...
RESTOS DEL NAUFRAGIO...91
124.- LA PERSONA
...Articulada por la llamada de
Dios
surge una nueva personalidad:
-Ya no eres el resultado
irremediable
de un pasado que te condiciona,
SINO AQUEL QUE ESTÁS LLAMADO
A SER EN EL FUTURO...
…(“Cruz de la vocación
con la que tendrás que seguir a
Jesucristo”)...
RESTOS DEL NAUFRAGIO...90
123.- EL CAMINO
La voz no nos dice cuál es
el término del camino, sólo nos invita a caminar. La itinerancia no es
una manera para llegar a parte alguna, sino un género de vida en sí mismo, en
el que no hay mapas ni carreteras...
...“Por la fe peregrinó a
...Vivir en tiendas es la imagen
más bella de la provisionalidad en la que vivió también el Hijo de Abrahán, sin
nidos ni guaridas,“sin tener donde reclinar la cabeza”...
...Vivir la itinerancia es vivir
colgado de
...La nube que nos guía en el
desierto no nos permite prever sus caprichosos asentamientos y ascensos, ni su
imprevisible rumbo. Se trata simplemente de seguirla cada día...
RESTOS DEL NAUFRAGIO...89
122.- LA LLAMADA
...“Sal de tu tierra, de tu
patria y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré”...
Empieza con un abandono, un
desarraigo. Desarraigarse es dejar el lugar normal y apropiado, en el que
tenemos la impresión reconfortante de que todo está en orden; dejar el lugar
donde uno hace pie y se siente protegido frente a todo y frente a todos, pero
también protegido frente a la invasión de Dios...
A la pregunta... Maestro, ¿dónde
vives? no hay otra respuesta que... “Venid y lo veréis”. No se puede ver sin
ir. Abrahán estuvo dispuesto a ir sin haber visto primero: “Por la fe,
Abrahán, al ser llamado por Dios, obedeció y salió para el lugar que había de
recibir en herencia, y salió sin saber a dónde iba”.
Dejó el pájaro en mano para
aspirar a los ciento que vuelan. Nosotros en cambio, preferimos ver primero,
comparar, hacer cálculos, y si nos conviene, iremos. No nos gustan las
sorpresas. Leemos atentamente hasta la letra pequeña de los contratos: ¡Cuántas
aventuras y cuanta vida nos perdemos con tanto cálculo!...
RESTOS DEL NAUFRAGIO...88
117.- UNA VEZ MÁS SOBRE LA MUERTE …1. OCTUBRE 2005
Dice la etiqueta de la seguridad
social pegada sobre la tarjeta que indica la fecha que anuncia mi próxima
sesión de quimioterapia que tengo cuarenta y cuatro años; con uno más murió, y
en qué estado, san Francisco de Asís, y con menos, crucificado, nuestro Señor
Jesucristo.
Ya sé que no está bien decir
esto, pero lo cierto es que cuando me anunciaron que tenía cáncer estuve a
punto de saltar de alegría gritando -¡al fin una señal!-. Se anuncia
fiesta en el cielo, por aquello del pecador que se convierte, teniendo además
la inmensa suerte -todo es gracia- de morirse al poco tiempo, evitando
así el asalto de las dudas que inevitablemente surgen por querer calibrar con
pie de rey el fundamento de todo esto, de nuestra maravillosa vida, que juega
incansable, ya desde aquí, siempre un paso más allá.
Comienzo a escribir esto porque
imagino, que en el caso de durar lo suficiente, tarde o temprano tendré que
hablar de los sentimientos que despertó en mí el anuncio de la posible
proximidad de la muerte.
Nosotros los cristianos no
debemos temer a la muerte -otra cosa es el desgarro que inevitablemente se
produce por la separación de los seres que amamos-. En su Cántico de las
Criaturas dice San Francisco de Asís acerca de
Nosotros los cristianos sabemos
que él vino y se fue; se fue, pero se quedó con nosotros; se quedó, pero
volverá; y antes de que vuelva, nosotros iremos a él...
Curiosamente sigue siendo la
muerte la mejor prueba de la vida; la crucifixión y muerte de nuestro Señor
Jesucristo prueban el hecho de su vida incluso a sus enemigos; lo demás, su
resurrección, por ejemplo, ya implica locura de amor...
Ya he copiado en más de una
ocasión las meditaciones del padre Valensín sobre la muerte:
«Los
sentimientos que desearía tener en aquellos momentos –y que actualmente tengo-:
Pensar que voy a descubrir la Ternura. Es imposible que Dios me decepcione. ¡La
simple hipótesis es absurda! Iré a él y le diré: No apelo a nada más que a
haber creído en tu bondad. Pues ahí está mi fuerza, toda mi fuerza, mi única
fuerza. Si esto me abandonase, si perdiese esta confianza en el Amor, todo se
habría acabado para mí; porque no creo valer, sobrenaturalmente, nada; y si hay
que ser digno de la felicidad para conseguirla, tendría que renunciar a ella.
Pero cuanto más avanzo en mi vida, más me convenzo de que tengo razón para
representarme a mi Padre como
Yo
no tengo miedo a Dios, pero no es tanto porque yo le ame cuanto porque me sé
amado por él. Y no necesito preguntarme por qué me ama mi Padre, o qué es lo
que mi Padre ama en mí. Por lo demás me resultaría muy difícil responder a esta
pregunta; incluso, estrictamente, no sería capaz de responder. Me ama porque es
el Amor; y basta que yo acepte ser amado por él para serlo efectivamente. Pero
es necesario que yo haga este gesto personal de aceptar. Lo exige la dignidad,
la misma belleza del amor.
…/…
117.- UNA VEZ MÁS SOBRE LA MUERTE …2. OCTUBRE 2005
…/…
El amor no se impone: se ofrece.
¡Oh Padre mío, gracias por amarme! ¡No seré yo quien te grite que soy indigno!
En todo caso, amarme a mí, tal y como soy, ¡esto sí que es digno de ti, digno
del Amor esencial, digno del Amor esencialmente gratuito! ¡Oh, este pensamiento
me encanta! Así estoy bien protegido contra los escrúpulos, la falsa humildad
descorazonadora y la tristeza espiritual...
...Ordinariamente
pensamos demasiado en nosotros mismos, y no pensamos bastante en él. Hay
desventurados teólogos que tienen un cierto miedo –inconsciente- de hacer a
Dios demasiado bueno, o sea, demasiado bello. Dios es bueno, pero no débil,
suelen decir. Pero una bondad que no llega hasta una cierta debilidad –lo que
nuestra dureza de corazón llama debilidad-, es la bondad de la vieja señora
hugonote, que tiene miedo de fomentar en los mendigos la pereza y mide con
tiento su limosna.
Ser
débil por Amor hace a mi Padre más grande y más bello.
En
el fondo de muchos –“Domine, non sum dignus”-, late un espantoso orgullo... Una
cosa hay, por consiguiente, cierta, y que he de repetirme a mí mismo: SOY AMADO, YO, YO MISMO, y mimado por una
ternura secreta, pero vigilante. Si estuviera en pecado, no tendría más que
decir: “Perdón”, para despertar en el rostro de mi Padre una sonrisa elocuente.
Si sólo soy tibio y sin verdadera belleza, con el polvo de los pecados veniales
pegado a mi piel, entonces necesito creer que el Amor me está mirando, como una
madre mira a su hijo travieso que acaba de ensuciarse la cara con el dulce que
ha robado.
¡Dios
mío, Dios mío, consérvame esta seguridad que tengo -por gracia tuya- en tu
Amor! ¡Qué nunca deje de verte como te veo ahora! Tengo una pobre idea de mí
mismo, pero una elevadísima idea de Ti. Si tuviera que ser digno de tu Amor
para atreverme a aceptarlo, Tú ya no serías tú, no serías ya el AMOR. Hago un acto loco de fe –pero que no me
cuesta nada- en tu indulgencia sin límite. Tú me amas, Tú me amas; haz que yo
te ame».
RESTOS DEL NAUFRAGIO...87
115.- MUTACIÓN
MELANCOLÍA
DE DESAPARECER (Agustín de
Foxá)
Y
pensar que después que yo me muera
aún
surgirán mañanas luminosas,
que
bajo un cielo azul, la primavera,
indiferente
a mi mansión postrera,
encarnará
en la seda de las rosas.
Y pensar que desnuda,
azul, lasciva,
sobre
mis huesos danzará la vida,
y
que habrá nuevos cielos de escarlata,
bañados
por la luz del sol poniente,
y
noches llenas, de esa luz de plata
que
inundaba mi vieja serenata,
cuando
aún cantaba Dios bajo mi frente.
Y pensar que no puedo en
mi egoísmo,
llevarme
al sol ni al cielo en mi mortaja.
Que
he de marchar yo solo hacia el abismo,
y
que la luna brillará lo mismo
y
ya no la veré desde mi caja.
MUTACIÓN EN: ALEGRÍA
¿DE DESAPARECER?... (Fr. Miguel Castellanos Sotos, tras tres meses
de quimioterapia en el verano del 2005, en Ourense).
Gracias, porque después
que yo me muera
aún
surgirán mañanas luminosas,
que
bajo un cielo azul, la primavera,
iluminando
mi mansión postrera,
encarnará
en la seda de las rosas.
Gracias, porque desnuda,
azul, altiva
sobre
mis huesos danzará la vida,
y
que habrá nuevos cielos de escarlata,
bañados
por la luz del sol poniente,
y
noches llenas, de esa luz de plata,
que
aún inunda mi vieja serenata,
al
dulce canto de Dios bajo mi frente.
Gracias,
porque no puedo en mi egoísmo,
llevarme
al sol ni al cielo en mi mortaja.
Que
no es morir marchar hacia el abismo,
gracias,
la luna brillará lo mismo
y
ya no la veré desde mi caja...
...
posiblemente ya ni desde el cielo,
que
anuncia la divina sinfonía,
un
poco más arriba, tras el velo
verde
de la esperanza, donde el duelo
del
tránsito se colma de alegría.
RESTOS DEL NAUFRAGIO...86
114.- AL CRISTO DE SAN DAMIÁN
Ante ti, como cada día, intento detener mis
pensamientos, mis pies y mis manos, para escuchar la posibilidad del canto de
mi corazón. Ya sé que no dejarán de ser palabras, al fin y al cabo hoy escribo,
pero es por necesidad, espero que de cantar, de otro modo, ante ti que no eres
más que Silencio…
Pones tus ojos sobre mis ojos... y ¿tu paz?
recoge la posibilidad de la mía, siendo todo no otra cosa que silencio y
asentimiento por mi parte: ¿Qué voy a decirte de mí que tú ya no sepas?... por
eso precisamente no dejo de pedirte y suplicarte que me protejas de mí, porque
no consigo amarme tanto como tú me has enseñado a hacerlo y sigo muchas veces
manifestándome como mi mayor enemigo...
Por caminos que nadie conoce ni transita,
allí me espero para asaltarme como un bandido, y al final tengo siempre que
reconocerme bajo tu cielo protector...
Te contemplo sangrante y resucitado;
sangrante porque estás más dentro de mí que yo mismo, resucitado para que yo
tenga motivos para dar razón de mi esperanza, que nada sería sin tu amor...
Cuando pienso en toda la misericordia que has
derramado conmigo, y en toda la que sigues derramando, no puedo evitar pensar
que debo correr en busca de los otros para compartirla, ¿pero cómo, de qué
modo, hoy por hoy?... Soy como los otros, ni más ni menos, motivo de tu amor;
por eso al contemplar las pequeñas trampas de lo cotidiano, capaces de hacer
rutina de lo más sagrado, con sus habladurías y rencillas... tengo
necesariamente que contemplarme en ellas; y veo mis rutinas y mis acomodos, mi
dejarme llevar, por la triste ley del mínimo esfuerzo, y si pienso en gritar no
puedo dejar de preguntarme: ¿qué es eso tan importante que vas a decir? ¿va a
construir o a destruir? ¿hará crecer o agostará para siempre?... y a veces
estas preguntas surgen ya tarde, cuando he metido la pata hasta el fondo...
Vuelvo entonces a ti ¡Dios mío! preguntándote
si es que no voy a cambiar nunca, y tú me hablas de vigilancia. ¿Me
hablas tú o lo pienso yo? No hago de esto problema, porque encuentro en tu
Palabra toda la paz que yo pueda necesitar, también a veces toda la guerra... y
me regocijo en el Espíritu Santo, no como complacencia complaciente, porque el
dolor es evidente... y te contemplo contemplándome, reconociendo que tú me
estabas mirando ya antes de yo pusiera mis ojos o mis pensamientos de nuevo en
ti...
Tú siempre estás, incluso en mis
dudas y en mis noches, sobre todo en mis dudas y en mis noches, sé que estás,
siento que estás, incluso cuando creo que ni te siento ni que es posible que
estés...
RESTOS DEL NAUFRAGIO...85
113.- ATACANDO A DIOS
Cuando no se posee otra cosa que
el corazón vacío y las manos llenas de ceniza, y se utiliza cualquier elemento
de la religión para atacar a Dios o la fe en él, a los creyentes, según parece,
nos falta tiempo para gritar ¡cizaña!... olvidando que el atacante, aún
desconociéndolo está buscando a Dios, y que el trigo y la cizaña crecen siempre
juntos dentro de cada uno. El ser humano lleva dentro una inquietud insaciable,
una chispa divina que no reconocemos, que no identificamos; “el
hombre es hambre de Dios”, y eso está en todos los humanos, lo sepan o
no. Pero toda promesa de humanidad que no tenga solidaridad y que sea demasiado
autoafirmativa y autoabastecida lleva dentro de sí algo que no le permitirá
cuajar debidamente. De esa hambre habló ya san Juan de
Nuestra
llaga puede ser la herida del infinito: sólo que el infinito no es mera
autoposesión, sino donación de sí.
El
atacante-herido tendrá que aprender a mirar en concreto a Jesús crucificado y
resucitado como la auténtica realización de eso que en nosotros ha quedado
desenfocado, desdibujado, dramatizado. Me anima a esto mi fe en Dios; pues el
Señor, a mí, que fui tan malo o mucho peor que cualquiera de los atacantes
actuales, terminó llevándome por el camino de san Francisco de Asís, quien sabe
si cualquier otro no terminará principiando en el cister.
El
atacante se acerca siempre a la higuera y se queda prendido de las hojas, o de
su ignorancia, y así no se puede saciar el hambre, le falta aprender a comerse
los higos.
RESTOS DEL NAUFRAGIO...84
112.- EGOÍSTA
Pretender lo más grande. El máximo afán, la
más alta cima a la que pueda aspirar un ser humano; poner en ello todo nuestro
empeño, toda nuestra fuerza; buscar el camino que nos lleve a la máxima
perfección...
Curiosamente podemos comenzar el camino con
ese deseo de alcanzar nuestra máxima aspiración-perfección, lo último a lo que
podamos pretender...
...y en el camino, porque vivir es caminar,
que supuestamente hemos comenzado por puro egoísmo, sin supuestamente,
descubrir que ese máximo deseo, como la misma vida, es un don por el que de
nada sirve luchar, no se trata de algo que deba conquistarse, si bien esto
merecería profundas aclaraciones en las que ahora no podemos entretenernos,
sino de algo que tenemos que aprender a recibir y acoger, ante lo cual debemos
abrirnos...
...y recibirlo no para retenerlo en posesión,
sino para que a través de nosotros siga siendo también don para otros...
...La sorpresa, con su dureza del principio,
es descubrir la pequeñez y ruindad de nuestros primeros planes, ante la
grandeza que se abre a nuestra vida...
...Nos abren las puertas...
...Si tenemos ojos para ver todo esto -que es
Gracia- entonces no será difícil constatar nuestra buena suerte, “nos han
llenado de dones” ...y de nada servirá que los retengamos de forma
egoísta... “el maná guardado se pudre” ...se posee verdaderamente tan
sólo lo que se entrega... Así pues, a partir de ahora, el trabajo será ser don
para los demás, a quienes también debemos recibir como don. Tenemos que
aprender a dar de beber si de verdad queremos saciarnos...
...Y así cada día se transforma en una nueva
ocasión de otra melodía, la nueva-vieja canción de siempre, la del Amor...
...¡El Amor no es amado!...
...y es por eso que debemos seguir amando…
...Jesucristo nos muestra el camino…
...y no precisamente de rosas...
...es el precio de la vida por aspirar a la
vida...
...¿Qué os parece?...
RESTOS DEL NAUFRAGIO...83
111.- SAN FRANCISCO DE ASSÍS
Durante los nueve años de mi estancia en la
isla hubo un cuadro que permaneció siempre en mi estudio, que ya llevé hecho
desde
Se trata de una copia de la obra de Zurbarán,
a la que yo había apañado el rostro para que se pareciese a mí lo más posible,
de hecho lo consideraba mi mejor autorretrato de entonces, y cuantos lo vieron
me preguntaban por qué me había pintado vestido de fraile...
El cuadro, en un principio, llegó a la isla
con un gesto poco propio de un santo, miraba al cielo sacando la lengua, suele
la juventud ser ignorante, necia y arrogante...
Con el paso del tiempo, recibidas algunas
coces, aquel San Francisco que era yo, terminaría tragándose la lengua y
suprimiendo lo que estaba a su espalda -una alegoría de las tentaciones- y
adoptando el aire místico que por naturaleza le correspondía...
Al abandonar la isla lo regalé a un amigo que
siempre había mostrado cierta admiración por él. Pese a que me acompañó durante
tanto tiempo, no fui capaz de imaginar entonces la importancia que San
Francisco terminaría teniendo en mi vida...
Hoy contemplo ese tiempo como proceso de
aprendizaje, de purificación; comencé con un dios al que me permitía sacar la
lengua y terminé frente a un misterio ante el cual no supe qué decir...
...y lo demás fue un no saber, un estar, un
esperar sin saber qué...
...un proyecto de viaje... “al fin de la tierra”... a Finisterre...
Unos amigos me dejaron una guía de “Monasterios Hospederías de España” y el más próximo a Finisterre estaba el
primero en la página por la que al azar abrí la guía (al menos así es como lo
recuerdo): Louro-Muros. Franciscanos...
Cuando por fin llegué al cabo Finisterre
hacía ya dos años que vivía en Santiago de Compostela, en el Convento de San
Francisco...
RESTOS DEL NAUFRAGIO...82
110.- EN LA PLAZA
“Conozco tus obras y tus trabajos y sé que
sufres pacientemente por mí; no soportas a los malvados, pusiste a prueba a los
que se llamaban a sí mismos apóstoles y los hallaste mentirosos. Conozco tu
paciencia y lo que has sufrido por mi nombre sin desfallecer. Pero tengo en
contra tuya que has perdido tu amor del principio”...
Esta cita del Apocalipsis de Juan estaba en
la crítica que se hacía a un libro, de cuyo título no consigo acordarme, ni del
nombre del autor, ni del nombre del crítico, en el suplemento cultural de un
periódico que no se distingue precisamente por su talante religioso...
Era domingo por la mañana, y yo por aquel
entonces tenía la costumbre de desayunar en la plaza del pueblo, Santa
Gertrudis, en el centro de la isla, en la terraza del bar Ulivans, frente a la
iglesia.
Es poco lo que recuerdo de aquella mañana,
otra entre tantas; pero esta cita se me ha quedado grabada como si en aquel
momento cada palabra hubiese sido dicha para mí...
...“Pero tengo en contra tuya que has
perdido tu amor del principio”...
¿Qué me estaba pasando? ¿Qué había pasado con
mi amor del principio? ¿Cuál era ese amor? ¿Por qué sentía aquellas palabras de
un modo tan personal? ¿Quién no había dejado de pensar en mí?...
¿Qué sentido tenía mi vida? ¿Para qué, para
quién vivía...?
Creo recordar que la lista de preguntas se me
hizo interminable; y algo, sin saber muy bien qué, en lo más profundo, comenzó
a cambiar dentro de mí...
Otra mañana, hablando con don Antonio, el
párroco de San Miguel, en la tienda-bar-oficina de correos de Xicu Planas (Can
Xicu) me dijo: Miguel (...aunque quizá el término que él emplease fuese:
Señor Artista...) las bendiciones nos caen del cielo, pero nosotros nos
empeñamos en abrir el paraguas para protegernos, y así no hay manera de que nos
alcancen, no nos dan... y así vamos como vamos y pasa luego lo que pasa...
RESTOS DEL NAUFRAGIO...79
77.- …EL RÍO...
El río transcurre entre dos orillas,
entre
Sobre el río hay un puente.
Los lógicos afirman que no saben
si une las dos orillas.
El puente arranca o llega a su orilla,
pero el otro extremo del puente,
así como la otra orilla,
-La Nada-,
no es algo que pueda verse
con los ojos de la cara...
Los lógicos afirman
que puesto que todo tiende al No-Ser,
lo más lógico es que no exista nada,
tal como afirman que sucede
en la otra orilla del río,
que les da la razón,
pero en cuya existencia,
por cierto,
no creen,
pese a contemplar el río
y vivir gracias a él...
Han puesto un guardián en el puente,
al Soberbio Espíritu de
según dicen,
para cerrar el paso.
Nadie podrá pasar a la otra orilla
sin derrotar antes al triste guardián.
Quizá tengan razón
y ellos sean la otra orilla,
ese lugar que deberían abandonar
antes de que la tristeza derrumbase el
puente...
Siempre que nos oponemos
a lo que no entendemos
estamos rechazando el riesgo creador del
Reino:
“Vino a los suyos
y los suyos no la
acogieron...
Porque me has
visto,
has creído;
dichosos los que
creerán sin haber visto”-...
RESTOS DEL NAUFRAGIO...78
75.- EL FIRMANTE
A sus setenta y cinco años aquella muestra
antológica de su pintura tenía para él un secreto y especial atractivo. Allí se
encontraba como centro de la exposición su cuadro más emblemático, “Los
Jardines de Lao”, la obra que veinte años atrás, en pública subasta, por el
capricho asegurador de una compañía de seguros, le había convertido en el
pintor vivo más caro de la historia.
Jamás había emitido, en ninguna rueda de
prensa o entrevista, un juicio de valor sobre aquel lienzo, que de un día para
otro, le hizo pasar de ser un anónimo y miserable pintor a convertirse en el
ojo del huracán de la pintura de su tiempo.
En la sala central de la exposición, a solas,
se situó delante del cuadro y jugó con la mirada sobre él, dando pasos adelante
y atrás, sin dejar de contemplarlo, descubriéndolo, como si le viese por
primera vez...
Dominaban los azules y los blancos, con
algunos minúsculos toques de rojo y amarillo acá y allá. Se trataba realmente
de un cuadro impresionante en el que se concentraban una tras otra todas las
características de su personal estilo, cuya técnica se asentaba en un elemento
aleatorio irrepetible... Y sin embargo, aunque le reconocía como suyo, era
incapaz de recordar dónde, cómo y cuando le había pintado...
La fecha del cuadro, bajo su firma, le decía
que lo había realizado con algo más de veinticinco años, pero no podía
concretar más, porque aquel año, impuestos por Ananque, había realizado varios
cambios de residencia...
Pasó despacio sobre el cuadro las yemas de
los dedos, sin tocarle apenas, analizó las firmas; fue por aquel entonces
cuando adquirió la costumbre de firmar en los dos ángulos inferiores, no
añadiendo más pintura, sino grabando con un punzón sobre el óleo fresco, decía
que así firmaba con el vacío, y la verdad es que no le faltaba razón. Constató
que la de la derecha era evidentemente suya, perfecta y cerrada...
...por el contrario, la firma de la izquierda
estaba abierta, con una variante en el trazo final que le hizo incapaz de
reconocerla como suya...
Se había vanagloriado siempre de ser un
pintor de la experiencia personal y sin embargo allí estaba, ante una obra que
había olvidado y que contenía una firma que no era la suya. Descolgó el cuadro
por ver si tenía escrito algo por detrás y halló bajo el título la siguiente
dedicatoria: “Para ti y tu maravilloso presente, en recuerdo de cuanto aún
nos queda por vivir”…
...al
pie del texto la firma se abría...
RESTOS DEL NAUFRAGIO...77
71.- ENTRELÍNEAS...
...Bronco craeso, s’escondia bradovento
traitio l’aussí, do mar, praca entristausto
lacran brillante...
Miasmanos prietan graitando caidos hoyos.
Forban introsu, crintan, palio ancantas
vociferan.
Trallan la emblema, crantan le sitú
Tril corazones...
Prístilos pesces encaintan brillos d’agua
Traeprater son, dalcón dafilles, trama...
Priétalo empintan crasos mercandoiros
Buscan las manos, encontran mil trembointes
Cazan el su...
Mahituma Oembesa Alpreidelmar sitú...
Cantan drisandros brainas angostallas.
Crentan yel saxo amainan praoca
Tus ojos prailos, dolma sintras mallas…
Encontrainados labios de tu boca...
(...porque me has dado las palabras de tu
boca...)
RESTOS DEL NAUFRAGIO...76
70.- EL CARTEL DE LA MENTIRA
Teníamos un toro más grande
que el anunciado en el cartel,
lo único que hacíamos bien era guardar el
secreto.
Nos habíamos hecho fumadores, entre otras
cosas,
por sufrir “el síndrome de abstinencia”
cada vez que apagábamos un cigarrillo...
Y finalmente, quizá por dejadez,
nos hicimos agresivos dulcemente;
incapaces de conquistar la confianza de
nadie,
alcanzábamos ese raro privilegio de la
soledad
en la que podíamos disfrutar
de nuestro aislamiento y desamparo...
Pero veamos, ¿cómo había comenzado todo?...
¿Acaso no éramos nosotros los condenados
por simular haber roto una promesa
que a todas luces aún seguíamos
manteniendo?...
Nosotros, todos nosotros, estábamos
condenados...
Pero ¿quién lo recordaba?...
RESTOS DEL NAUFRAGIO...75
69.- ANTEA Y YO
«Si sabes que estoy soñándote... ¿por qué me
despiertas?»
Tendría yo unos doce años, en el planeta de
Venus nos enseñaban que la felicidad hay que merecerla. Ella, Antea, me
dijo:¿Jugamos a papás y mamás?
A los catorce años, en el planeta de Marte,
nos enseñaban que matar es un privilegio que nadie se merece; recuerdo que
Antea me dijo: ¡Cobarde!...
A los dieciséis años, en el planeta de Urano,
nos enseñaban que la magia es un hechizo que el alma se aplica a sí misma;
Antea, sonriendo, anotó: ¡Vas a necesitar algo más que magia!... ¡No puedo, no
puedo!...
Entonces saqué la varita mágica que tenía
escondida, y llorando, se la puse en la mano...
Se me pierde la memoria, despierto y me doy
cuenta de que ella sigue llamándose Antea... ¿Qué planeta es este?... ¡
A los dieciocho años Antea se marchó, y
volvió a los veinte, para decirme, mientras ardía su campo de maíz: ¡Tu
optimismo sigue siendo insoportable!
A los treinta años Antea no
soportó ser otra cosa que una imagen en el centro de un sueño, y se despidió
con un adiós que creyó definitivo.
Volvió a los cuarenta, con más fuerza,
ardiente, abrazándose a mi tranquilidad...
Desaparecí a los cincuenta, creyendo romper
el ciclo..., curiosamente me hallé en el lugar en el que años atrás había
nacido Antea; parecía una niña. Mientras la estoy esperando, ella se acerca, de
vez en cuando, para decirme: ¡No sé si te quiero!
Recuerda el río, y se inventa la mar…
Amor mío ¿a dónde vas?...
Hace demasiado tiempo que la vida transformó
el sueño en una mentira…
«El Señor Dios nos proporcionó un vino tan potente
que al beberlo la persona abandona los dos mundos…
… escojamos por tanto el licor más puro,
el que nunca fue adulterado con el temor
ni la urgencia de lo necesario».
RESTOS DEL NAUFRAGIO...74
68.- MARÍA,
Aquella planta había sido traída por el
viento, quizá por un pájaro, un insecto tal vez. Al jardinero le gustó el color
y la forma de sus hojas, por lo cual la regó con la misma frecuencia que regaba
a las otras...
Creció tanto que llegó a superar la altura de
la tapia del jardín, podía verse desde el exterior...
...Y fue del exterior de donde llegó la multa
por la posesión de aquella planta Ilegal...
...El jardinero, mientras satisfacía el
importe de la multa, no pudo menos de preguntar a qué se debía la ilegalidad de
la planta, a lo que la autoridad contestó que por orgullosa, pues aún a
sabiendas de que era perseguida, su falta de modestia le hacía ir siempre más
allá de los límites establecidos por la ley, la tapia en este caso, ya que de
no haberse expuesto a las públicas miradas se hubiese liberado de la multa y de
ser arrancada...
...El jardinero quemó la planta en un rincón
del jardín y (-envuelto en humo-) comprendió por qué los dioses, cuando se
trata de honrarles con un verdadero sacrificio, se contentan con el humo...
...todo
comenzó a ser gracia... y risas...

























