martes, 1 de septiembre de 2026

RESTOS DEL NAUFRAGIO...94


 

RESTOS DEL NAUFRAGIO...93


 

RESTOS DEL NAUFRAGIO...92

125.- LA BENDICIÓN                                                                                           

 

...Abrahán se sintió bendecido por Dios y por eso todos los pueblos han sido bendecidos en él; todos los pueblos pueden considerarse afortunados de que haya existido un hombre como Abrahán...

...“En ti se bendecirán todas las naciones de la tierra”...

 

...“Bendecid, pues habéis sido llamados a heredar una bendición”...

 

...Sólo el que se sabe bendecido sabe bendecir y sabe ser una bendición para otros. Si nuestra vocación es pasar por la vida bendiciendo, las bendiciones que damos no son sino la expresión de la bendición que nos habita desde toda la eternidad...

 


 

RESTOS DEL NAUFRAGIO...91

124.- LA PERSONA                                                                                             

 

...Articulada por la llamada de Dios

surge una nueva personalidad:

-Ya no eres el resultado irremediable

de un pasado que te condiciona,

SINO AQUEL QUE ESTÁS LLAMADO

A SER EN EL FUTURO...

…(“Cruz de la vocación

 con la que tendrás que seguir a Jesucristo”)...

 

RESTOS DEL NAUFRAGIO...90

123.- EL CAMINO                                                                                                   

 

La voz no nos dice cuál es el término del camino, sólo nos invita a caminar. La itinerancia no es una manera para llegar a parte alguna, sino un género de vida en sí mismo, en el que no hay mapas ni carreteras...

 

...“Por la fe peregrinó a la Tierra Prometida como extranjero, habitando en tiendas, lo mismo que Isaac y que Jacob, coherederos de las mismas promesas”...

 

...Vivir en tiendas es la imagen más bella de la provisionalidad en la que vivió también el Hijo de Abrahán, sin nidos ni guaridas,“sin tener donde reclinar la cabeza”...

 

...Vivir la itinerancia es vivir colgado de la Providencia Divina, sin más provisiones que el pan de cada día, sin más proyectos que el plan de cada día. El maná no puede guardarse en la despensa, porque se pudre...

 

...La nube que nos guía en el desierto no nos permite prever sus caprichosos asentamientos y ascensos, ni su imprevisible rumbo. Se trata simplemente de seguirla cada día...

 

 

RESTOS DEL NAUFRAGIO...89


122.- LA LLAMADA                                                                                                 

 

...“Sal de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré”...

 

Empieza con un abandono, un desarraigo. Desarraigarse es dejar el lugar normal y apropiado, en el que tenemos la impresión reconfortante de que todo está en orden; dejar el lugar donde uno hace pie y se siente protegido frente a todo y frente a todos, pero también protegido frente a la invasión de Dios...

 

A la pregunta... Maestro, ¿dónde vives? no hay otra respuesta que... “Venid y lo veréis”. No se puede ver sin ir. Abrahán estuvo dispuesto a ir sin haber visto primero: “Por la fe, Abrahán, al ser llamado por Dios, obedeció y salió para el lugar que había de recibir en herencia, y salió sin saber a dónde iba”.

 

Dejó el pájaro en mano para aspirar a los ciento que vuelan. Nosotros en cambio, preferimos ver primero, comparar, hacer cálculos, y si nos conviene, iremos. No nos gustan las sorpresas. Leemos atentamente hasta la letra pequeña de los contratos: ¡Cuántas aventuras y cuanta vida nos perdemos con tanto cálculo!...

 

 

RESTOS DEL NAUFRAGIO...88

117.- UNA VEZ MÁS SOBRE LA MUERTE …1.                              OCTUBRE 2005

Dice la etiqueta de la seguridad social pegada sobre la tarjeta que indica la fecha que anuncia mi próxima sesión de quimioterapia que tengo cuarenta y cuatro años; con uno más murió, y en qué estado, san Francisco de Asís, y con menos, crucificado, nuestro Señor Jesucristo.

Ya sé que no está bien decir esto, pero lo cierto es que cuando me anunciaron que tenía cáncer estuve a punto de saltar de alegría gritando -¡al fin una señal!-. Se anuncia fiesta en el cielo, por aquello del pecador que se convierte, teniendo además la inmensa suerte -todo es gracia- de morirse al poco tiempo, evitando así el asalto de las dudas que inevitablemente surgen por querer calibrar con pie de rey el fundamento de todo esto, de nuestra maravillosa vida, que juega incansable, ya desde aquí, siempre un paso más allá.

Comienzo a escribir esto porque imagino, que en el caso de durar lo suficiente, tarde o temprano tendré que hablar de los sentimientos que despertó en mí el anuncio de la posible proximidad de la muerte.

Nosotros los cristianos no debemos temer a la muerte -otra cosa es el desgarro que inevitablemente se produce por la separación de los seres que amamos-. En su Cántico de las Criaturas dice San Francisco de Asís acerca de la Hermana Muerte: -“Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal de la cual ningún hombre vivo puede escapar. ¡Ay de aquellos que morirán en pecado mortal! Bienaventurados los que encontrará en tu santísima voluntad, pues la muerte segunda no les hará mal”-.

Nosotros los cristianos sabemos que él vino y se fue; se fue, pero se quedó con nosotros; se quedó, pero volverá; y antes de que vuelva, nosotros iremos a él...

Curiosamente sigue siendo la muerte la mejor prueba de la vida; la crucifixión y muerte de nuestro Señor Jesucristo prueban el hecho de su vida incluso a sus enemigos; lo demás, su resurrección, por ejemplo, ya implica locura de amor...

Ya he copiado en más de una ocasión las meditaciones del padre Valensín sobre la muerte: 

«Los sentimientos que desearía tener en aquellos momentos –y que actualmente tengo-: Pensar que voy a descubrir la Ternura. Es imposible que Dios me decepcione. ¡La simple hipótesis es absurda! Iré a él y le diré: No apelo a nada más que a haber creído en tu bondad. Pues ahí está mi fuerza, toda mi fuerza, mi única fuerza. Si esto me abandonase, si perdiese esta confianza en el Amor, todo se habría acabado para mí; porque no creo valer, sobrenaturalmente, nada; y si hay que ser digno de la felicidad para conseguirla, tendría que renunciar a ella. Pero cuanto más avanzo en mi vida, más me convenzo de que tengo razón para representarme a mi Padre como la Indulgencia Infinita. Y que los maestros de la vida espiritual digan lo que quieran, hablen de justicia, de exigencias, de miedos; mi juez es aquel que todos los días subía a la azotea y miraba al horizonte para ver si volvía el hijo pródigo. ¿Quién no desearía ser juzgado por él? San Juan escribe: “Quien teme, no es aún perfecto en el Amor” (1Jn4, 18).

            Yo no tengo miedo a Dios, pero no es tanto porque yo le ame cuanto porque me sé amado por él. Y no necesito preguntarme por qué me ama mi Padre, o qué es lo que mi Padre ama en mí. Por lo demás me resultaría muy difícil responder a esta pregunta; incluso, estrictamente, no sería capaz de responder. Me ama porque es el Amor; y basta que yo acepte ser amado por él para serlo efectivamente. Pero es necesario que yo haga este gesto personal de aceptar. Lo exige la dignidad, la misma belleza del amor.

…/…

 

117.- UNA VEZ MÁS SOBRE LA MUERTE …2.                              OCTUBRE 2005

…/…

El amor no se impone: se ofrece. ¡Oh Padre mío, gracias por amarme! ¡No seré yo quien te grite que soy indigno! En todo caso, amarme a mí, tal y como soy, ¡esto sí que es digno de ti, digno del Amor esencial, digno del Amor esencialmente gratuito! ¡Oh, este pensamiento me encanta! Así estoy bien protegido contra los escrúpulos, la falsa humildad descorazonadora y la tristeza espiritual...

            ...Ordinariamente pensamos demasiado en nosotros mismos, y no pensamos bastante en él. Hay desventurados teólogos que tienen un cierto miedo –inconsciente- de hacer a Dios demasiado bueno, o sea, demasiado bello. Dios es bueno, pero no débil, suelen decir. Pero una bondad que no llega hasta una cierta debilidad –lo que nuestra dureza de corazón llama debilidad-, es la bondad de la vieja señora hugonote, que tiene miedo de fomentar en los mendigos la pereza y mide con tiento su limosna.

            Ser débil por Amor hace a mi Padre más grande y más bello. La Cruz me da la razón. Padre, me refugio en ti, en el regazo de tu Ternura. Tengo necesidad de amarte, sin decir nada. Y, ante todo, de darme cuenta de que Tú me amas, a pesar de lo que soy. Esto me ayuda a comprender que Tú sientes hacia mí tal y como soy un amor maravillosamente paternal...

            En el fondo de muchos –“Domine, non sum dignus”-, late un espantoso orgullo... Una cosa hay, por consiguiente, cierta, y que he de repetirme a mí mismo: SOY AMADO, YO, YO MISMO, y mimado por una ternura secreta, pero vigilante. Si estuviera en pecado, no tendría más que decir: “Perdón”, para despertar en el rostro de mi Padre una sonrisa elocuente. Si sólo soy tibio y sin verdadera belleza, con el polvo de los pecados veniales pegado a mi piel, entonces necesito creer que el Amor me está mirando, como una madre mira a su hijo travieso que acaba de ensuciarse la cara con el dulce que ha robado.

            ¡Dios mío, Dios mío, consérvame esta seguridad que tengo -por gracia tuya- en tu Amor! ¡Qué nunca deje de verte como te veo ahora! Tengo una pobre idea de mí mismo, pero una elevadísima idea de Ti. Si tuviera que ser digno de tu Amor para atreverme a aceptarlo, Tú ya no serías tú, no serías ya el AMOR. Hago un acto loco de fe –pero que no me cuesta nada- en tu indulgencia sin límite. Tú me amas, Tú me amas; haz que yo te ame».

 

 

 

 

RESTOS DEL NAUFRAGIO...87


115.- MUTACIÓN

 

            MELANCOLÍA DE DESAPARECER  (Agustín de Foxá)

 

                        Y pensar que después que yo me muera

                        aún surgirán mañanas luminosas,

                        que bajo un cielo azul, la primavera,

                        indiferente a mi mansión postrera,

                        encarnará en la seda de las rosas.

                       Y pensar que desnuda, azul, lasciva,

                        sobre mis huesos danzará la vida,

                        y que habrá nuevos cielos de escarlata,

                        bañados por la luz del sol poniente,

                        y noches llenas, de esa luz de plata

                        que inundaba mi vieja serenata,

                        cuando aún cantaba Dios bajo mi frente.

                       Y pensar que no puedo en mi egoísmo,

                        llevarme al sol ni al cielo en mi mortaja.

                        Que he de marchar yo solo hacia el abismo,

                        y que la luna brillará lo mismo

                        y ya no la veré desde mi caja.

                       

MUTACIÓN EN: ALEGRÍA ¿DE DESAPARECER?... (Fr. Miguel Castellanos Sotos, tras tres meses de quimioterapia en el verano del 2005, en Ourense).

 

                       Gracias, porque después que yo me muera

                        aún surgirán mañanas luminosas,

                        que bajo un cielo azul, la primavera,

                        iluminando mi mansión postrera,

                        encarnará en la seda de las rosas.

                       Gracias, porque desnuda, azul, altiva

                        sobre mis huesos danzará la vida,

                        y que habrá nuevos cielos de escarlata,

                        bañados por la luz del sol poniente,

                        y noches llenas, de esa luz de plata,

                        que aún inunda mi vieja serenata,

                        al dulce canto de Dios bajo mi frente.

                        Gracias, porque no puedo en mi egoísmo,

                        llevarme al sol ni al cielo en mi mortaja.

                        Que no es morir marchar hacia el abismo,

                        gracias, la luna brillará lo mismo

                        y ya no la veré desde mi caja...

                        ... posiblemente ya ni desde el cielo,

                        que anuncia la divina sinfonía,

                        un poco más arriba, tras el velo

                        verde de la esperanza, donde el duelo

                        del tránsito se colma de alegría.

 

RESTOS DEL NAUFRAGIO...86


 

114.- AL CRISTO DE SAN DAMIÁN                                                                        

 

Ante ti, como cada día, intento detener mis pensamientos, mis pies y mis manos, para escuchar la posibilidad del canto de mi corazón. Ya sé que no dejarán de ser palabras, al fin y al cabo hoy escribo, pero es por necesidad, espero que de cantar, de otro modo, ante ti que no eres más que Silencio…

 

Pones tus ojos sobre mis ojos... y ¿tu paz? recoge la posibilidad de la mía, siendo todo no otra cosa que silencio y asentimiento por mi parte: ¿Qué voy a decirte de mí que tú ya no sepas?... por eso precisamente no dejo de pedirte y suplicarte que me protejas de mí, porque no consigo amarme tanto como tú me has enseñado a hacerlo y sigo muchas veces manifestándome como mi mayor enemigo...

 

Por caminos que nadie conoce ni transita, allí me espero para asaltarme como un bandido, y al final tengo siempre que reconocerme bajo tu cielo protector...

 

Te contemplo sangrante y resucitado; sangrante porque estás más dentro de mí que yo mismo, resucitado para que yo tenga motivos para dar razón de mi esperanza, que nada sería sin tu amor...

 

Cuando pienso en toda la misericordia que has derramado conmigo, y en toda la que sigues derramando, no puedo evitar pensar que debo correr en busca de los otros para compartirla, ¿pero cómo, de qué modo, hoy por hoy?... Soy como los otros, ni más ni menos, motivo de tu amor; por eso al contemplar las pequeñas trampas de lo cotidiano, capaces de hacer rutina de lo más sagrado, con sus habladurías y rencillas... tengo necesariamente que contemplarme en ellas; y veo mis rutinas y mis acomodos, mi dejarme llevar, por la triste ley del mínimo esfuerzo, y si pienso en gritar no puedo dejar de preguntarme: ¿qué es eso tan importante que vas a decir? ¿va a construir o a destruir? ¿hará crecer o agostará para siempre?... y a veces estas preguntas surgen ya tarde, cuando he metido la pata hasta el fondo...

 

Vuelvo entonces a ti ¡Dios mío! preguntándote si es que no voy a cambiar nunca, y tú me hablas de vigilancia. ¿Me hablas tú o lo pienso yo? No hago de esto problema, porque encuentro en tu Palabra toda la paz que yo pueda necesitar, también a veces toda la guerra... y me regocijo en el Espíritu Santo, no como complacencia complaciente, porque el dolor es evidente... y te contemplo contemplándome, reconociendo que tú me estabas mirando ya antes de yo pusiera mis ojos o mis pensamientos de nuevo en ti...

 

Tú siempre estás, incluso en mis dudas y en mis noches, sobre todo en mis dudas y en mis noches, sé que estás, siento que estás, incluso cuando creo que ni te siento ni que es posible que estés...

 

 

 

RESTOS DEL NAUFRAGIO...85

 

113.- ATACANDO A DIOS

Cuando no se posee otra cosa que el corazón vacío y las manos llenas de ceniza, y se utiliza cualquier elemento de la religión para atacar a Dios o la fe en él, a los creyentes, según parece, nos falta tiempo para gritar ¡cizaña!... olvidando que el atacante, aún desconociéndolo está buscando a Dios, y que el trigo y la cizaña crecen siempre juntos dentro de cada uno. El ser humano lleva dentro una inquietud insaciable, una chispa divina que no reconocemos, que no identificamos; “el hombre es hambre de Dios”, y eso está en todos los humanos, lo sepan o no. Pero toda promesa de humanidad que no tenga solidaridad y que sea demasiado autoafirmativa y autoabastecida lleva dentro de sí algo que no le permitirá cuajar debidamente. De esa hambre habló ya san Juan de la Cruz: “¿Por qué pues has llagado aqueste corazón no le sanaste? Y pues me lo has robado, ¿por qué así le dejaste y no tomas el robo que robaste?”

            Nuestra llaga puede ser la herida del infinito: sólo que el infinito no es mera autoposesión, sino donación de sí.

            El atacante-herido tendrá que aprender a mirar en concreto a Jesús crucificado y resucitado como la auténtica realización de eso que en nosotros ha quedado desenfocado, desdibujado, dramatizado. Me anima a esto mi fe en Dios; pues el Señor, a mí, que fui tan malo o mucho peor que cualquiera de los atacantes actuales, terminó llevándome por el camino de san Francisco de Asís, quien sabe si cualquier otro no terminará principiando en el cister.

            El atacante se acerca siempre a la higuera y se queda prendido de las hojas, o de su ignorancia, y así no se puede saciar el hambre, le falta aprender a comerse los higos.

 


RESTOS DEL NAUFRAGIO...84


 

112.- EGOÍSTA                                                                                                      

 

Pretender lo más grande. El máximo afán, la más alta cima a la que pueda aspirar un ser humano; poner en ello todo nuestro empeño, toda nuestra fuerza; buscar el camino que nos lleve a la máxima perfección...

 

Curiosamente podemos comenzar el camino con ese deseo de alcanzar nuestra máxima aspiración-perfección, lo último a lo que podamos pretender...

 

...y en el camino, porque vivir es caminar, que supuestamente hemos comenzado por puro egoísmo, sin supuestamente, descubrir que ese máximo deseo, como la misma vida, es un don por el que de nada sirve luchar, no se trata de algo que deba conquistarse, si bien esto merecería profundas aclaraciones en las que ahora no podemos entretenernos, sino de algo que tenemos que aprender a recibir y acoger, ante lo cual debemos abrirnos...

 

...y recibirlo no para retenerlo en posesión, sino para que a través de nosotros siga siendo también don para otros...

 

...La sorpresa, con su dureza del principio, es descubrir la pequeñez y ruindad de nuestros primeros planes, ante la grandeza que se abre a nuestra vida...

...Nos abren las puertas...

 

...Si tenemos ojos para ver todo esto -que es Gracia- entonces no será difícil constatar nuestra buena suerte, “nos han llenado de dones” ...y de nada servirá que los retengamos de forma egoísta... “el maná guardado se pudre” ...se posee verdaderamente tan sólo lo que se entrega... Así pues, a partir de ahora, el trabajo será ser don para los demás, a quienes también debemos recibir como don. Tenemos que aprender a dar de beber si de verdad queremos saciarnos...

 

...Y así cada día se transforma en una nueva ocasión de otra melodía, la nueva-vieja canción de siempre, la del Amor...

 

...¡El Amor no es amado!...

 

...y es por eso que debemos seguir amando…         

...Jesucristo nos muestra el camino…

...y no precisamente de rosas...

 

...es el precio de la vida por aspirar a la vida...

...¿Qué os parece?...

 

 

 

 

RESTOS DEL NAUFRAGIO...83


 

111.- SAN FRANCISCO DE ASSÍS                                                                              

 

Durante los nueve años de mi estancia en la isla hubo un cuadro que permaneció siempre en mi estudio, que ya llevé hecho desde La Mancha, sobre la ventana, contemplando las generaciones y cambios, los procesos, de todos los cuadros que allí surgieron mientras él permanecía, si bien es cierto que también sufrió un ligero retoque, pero respetando siempre el elemento protagonista que le definía: San Francisco de Assís...

 

Se trata de una copia de la obra de Zurbarán, a la que yo había apañado el rostro para que se pareciese a mí lo más posible, de hecho lo consideraba mi mejor autorretrato de entonces, y cuantos lo vieron me preguntaban por qué me había pintado vestido de fraile...

 

El cuadro, en un principio, llegó a la isla con un gesto poco propio de un santo, miraba al cielo sacando la lengua, suele la juventud ser ignorante, necia y arrogante...

 

Con el paso del tiempo, recibidas algunas coces, aquel San Francisco que era yo, terminaría tragándose la lengua y suprimiendo lo que estaba a su espalda -una alegoría de las tentaciones- y adoptando el aire místico que por naturaleza le correspondía...

 

Al abandonar la isla lo regalé a un amigo que siempre había mostrado cierta admiración por él. Pese a que me acompañó durante tanto tiempo, no fui capaz de imaginar entonces la importancia que San Francisco terminaría teniendo en mi vida...

 

Hoy contemplo ese tiempo como proceso de aprendizaje, de purificación; comencé con un dios al que me permitía sacar la lengua y terminé frente a un misterio ante el cual no supe qué decir...

 

...y lo demás fue un no saber, un estar, un esperar sin saber qué...

 

...un proyecto de viaje...  “al fin de la tierra”... a Finisterre...

 

Unos amigos me dejaron una guía de  “Monasterios Hospederías de España”  y el más próximo a Finisterre estaba el primero en la página por la que al azar abrí la guía (al menos así es como lo recuerdo): Louro-Muros. Franciscanos...

 

Cuando por fin llegué al cabo Finisterre hacía ya dos años que vivía en Santiago de Compostela, en el Convento de San Francisco...

 

 

 

RESTOS DEL NAUFRAGIO...82

110.- EN LA PLAZA                                                                                             

 

“Conozco tus obras y tus trabajos y sé que sufres pacientemente por mí; no soportas a los malvados, pusiste a prueba a los que se llamaban a sí mismos apóstoles y los hallaste mentirosos. Conozco tu paciencia y lo que has sufrido por mi nombre sin desfallecer. Pero tengo en contra tuya que has perdido tu amor del principio”...

 

Esta cita del Apocalipsis de Juan estaba en la crítica que se hacía a un libro, de cuyo título no consigo acordarme, ni del nombre del autor, ni del nombre del crítico, en el suplemento cultural de un periódico que no se distingue precisamente por su talante religioso...

 

Era domingo por la mañana, y yo por aquel entonces tenía la costumbre de desayunar en la plaza del pueblo, Santa Gertrudis, en el centro de la isla, en la terraza del bar Ulivans, frente a la iglesia.

Es poco lo que recuerdo de aquella mañana, otra entre tantas; pero esta cita se me ha quedado grabada como si en aquel momento cada palabra hubiese sido dicha para mí...

 

               ...“Pero tengo en contra tuya que has perdido tu amor del principio”...

 

¿Qué me estaba pasando? ¿Qué había pasado con mi amor del principio? ¿Cuál era ese amor? ¿Por qué sentía aquellas palabras de un modo tan personal? ¿Quién no había dejado de pensar en mí?...

¿Qué sentido tenía mi vida? ¿Para qué, para quién vivía...?

 

Creo recordar que la lista de preguntas se me hizo interminable; y algo, sin saber muy bien qué, en lo más profundo, comenzó a cambiar dentro de mí...

 

Otra mañana, hablando con don Antonio, el párroco de San Miguel, en la tienda-bar-oficina de correos de Xicu Planas (Can Xicu) me dijo: Miguel (...aunque quizá el término que él emplease fuese: Señor Artista...) las bendiciones nos caen del cielo, pero nosotros nos empeñamos en abrir el paraguas para protegernos, y así no hay manera de que nos alcancen, no nos dan... y así vamos como vamos y pasa luego lo que pasa...

 

 

 

 

 

 

RESTOS DEL NAUFRAGIO...81


 

RESTOS DEL NAUFRAGIO...80


 

RESTOS DEL NAUFRAGIO...79

77.- …EL RÍO... 

                                                                                                                 

El río transcurre entre dos orillas,

entre la Lógica y la Nada.

Sobre el río hay un puente.

Los lógicos afirman que no saben

si une las dos orillas.

El puente arranca o llega a su orilla,

pero el otro extremo del puente,

así como la otra orilla,

-La Nada-, 

no es algo que pueda verse

con los ojos de la cara...

Los lógicos afirman

que puesto que todo tiende al No-Ser,

lo más lógico es que no exista nada,

tal como afirman que sucede

en la otra orilla del río,

que les da la razón,

pero en cuya existencia,

por cierto,

no creen,

pese a contemplar el río

y vivir gracias a él...

Han puesto un guardián en el puente,

al Soberbio Espíritu de la Razón,

según dicen,

para cerrar el paso.

Nadie podrá pasar a la otra orilla

sin derrotar antes al triste guardián.

Quizá tengan razón

y ellos sean la otra orilla,

ese lugar que deberían abandonar

antes de que la tristeza derrumbase el puente...

Siempre que nos oponemos

a lo que no entendemos

estamos rechazando el riesgo creador del Reino:

“Vino a los suyos

y los suyos no la acogieron...

Porque me has visto,

has creído;

dichosos los que creerán sin haber visto”-...



 

RESTOS DEL NAUFRAGIO...78


 

75.- EL FIRMANTE                                                                                                     

 

A sus setenta y cinco años aquella muestra antológica de su pintura tenía para él un secreto y especial atractivo. Allí se encontraba como centro de la exposición su cuadro más emblemático, “Los Jardines de Lao”, la obra que veinte años atrás, en pública subasta, por el capricho asegurador de una compañía de seguros, le había convertido en el pintor vivo más caro de la historia.

 

Jamás había emitido, en ninguna rueda de prensa o entrevista, un juicio de valor sobre aquel lienzo, que de un día para otro, le hizo pasar de ser un anónimo y miserable pintor a convertirse en el ojo del huracán de la pintura de su tiempo.

 

En la sala central de la exposición, a solas, se situó delante del cuadro y jugó con la mirada sobre él, dando pasos adelante y atrás, sin dejar de contemplarlo, descubriéndolo, como si le viese por primera vez...

 

Dominaban los azules y los blancos, con algunos minúsculos toques de rojo y amarillo acá y allá. Se trataba realmente de un cuadro impresionante en el que se concentraban una tras otra todas las características de su personal estilo, cuya técnica se asentaba en un elemento aleatorio irrepetible... Y sin embargo, aunque le reconocía como suyo, era incapaz de recordar dónde, cómo y cuando le había pintado...

 

La fecha del cuadro, bajo su firma, le decía que lo había realizado con algo más de veinticinco años, pero no podía concretar más, porque aquel año, impuestos por Ananque, había realizado varios cambios de residencia...

 

Pasó despacio sobre el cuadro las yemas de los dedos, sin tocarle apenas, analizó las firmas; fue por aquel entonces cuando adquirió la costumbre de firmar en los dos ángulos inferiores, no añadiendo más pintura, sino grabando con un punzón sobre el óleo fresco, decía que así firmaba con el vacío, y la verdad es que no le faltaba razón. Constató que la de la derecha era evidentemente suya, perfecta y cerrada...

...por el contrario, la firma de la izquierda estaba abierta, con una variante en el trazo final que le hizo incapaz de reconocerla como suya...

 

Se había vanagloriado siempre de ser un pintor de la experiencia personal y sin embargo allí estaba, ante una obra que había olvidado y que contenía una firma que no era la suya. Descolgó el cuadro por ver si tenía escrito algo por detrás y halló bajo el título la siguiente dedicatoria: “Para ti y tu maravilloso presente, en recuerdo de cuanto aún nos queda por vivir”…

  ...al pie del texto la firma se abría...

RESTOS DEL NAUFRAGIO...77

71.- ENTRELÍNEAS...                                                                                                       

 

...Bronco craeso, s’escondia bradovento

traitio l’aussí, do mar, praca entristausto

lacran brillante...

 

Miasmanos prietan graitando caidos hoyos.

Forban introsu, crintan, palio ancantas vociferan.

Trallan la emblema, crantan le sitú

Tril corazones...

 

Prístilos pesces encaintan brillos d’agua

Traeprater son, dalcón dafilles, trama...

 

Priétalo empintan crasos mercandoiros

Buscan las manos, encontran mil trembointes

Cazan el su...

 

Mahituma Oembesa Alpreidelmar sitú...

Cantan drisandros brainas angostallas.

Crentan yel saxo amainan praoca

 

Tus ojos prailos, dolma sintras mallas…

Encontrainados labios de tu boca...

 

(...porque me has dado las palabras de tu boca...)             

 

 

 

RESTOS DEL NAUFRAGIO...76

70.- EL CARTEL DE LA MENTIRA                                                                            

 

Teníamos un toro más grande

que el anunciado en el cartel,

lo único que hacíamos bien era guardar el secreto.

Nos habíamos hecho fumadores, entre otras cosas,

por sufrir “el síndrome de abstinencia”

cada vez que apagábamos un cigarrillo...

 

Y finalmente, quizá por dejadez,

nos hicimos agresivos dulcemente;

incapaces de conquistar la confianza de nadie,

alcanzábamos ese raro privilegio de la soledad

en la que podíamos disfrutar

de nuestro aislamiento y desamparo...

 

Pero veamos, ¿cómo había comenzado todo?...

¿Acaso no éramos nosotros los condenados

por simular haber roto una promesa

que a todas luces aún seguíamos manteniendo?...

 

Nosotros, todos nosotros, estábamos condenados...

Pero ¿quién lo recordaba?...

 


 

RESTOS DEL NAUFRAGIO...75

69.- ANTEA Y YO                                                                                                        

 

«Si sabes que estoy soñándote... ¿por qué me despiertas?»

 

Tendría yo unos doce años, en el planeta de Venus nos enseñaban que la felicidad hay que merecerla. Ella, Antea, me dijo:¿Jugamos a papás y mamás?

 

A los catorce años, en el planeta de Marte, nos enseñaban que matar es un privilegio que nadie se merece; recuerdo que Antea me dijo: ¡Cobarde!...

 

A los dieciséis años, en el planeta de Urano, nos enseñaban que la magia es un hechizo que el alma se aplica a sí misma; Antea, sonriendo, anotó: ¡Vas a necesitar algo más que magia!... ¡No puedo, no puedo!...

 

Entonces saqué la varita mágica que tenía escondida, y llorando, se la puse en la mano...

 

Se me pierde la memoria, despierto y me doy cuenta de que ella sigue llamándose Antea... ¿Qué planeta es este?... ¡La Tierra!... ¿No será un cementerio?... ¿Quién vive?...

 

A los dieciocho años Antea se marchó, y volvió a los veinte, para decirme, mientras ardía su campo de maíz: ¡Tu optimismo sigue siendo insoportable!

 

A los treinta años Antea no soportó ser otra cosa que una imagen en el centro de un sueño, y se despidió con un adiós que creyó definitivo.

 

Volvió a los cuarenta, con más fuerza, ardiente, abrazándose a mi tranquilidad...

 

Desaparecí a los cincuenta, creyendo romper el ciclo..., curiosamente me hallé en el lugar en el que años atrás había nacido Antea; parecía una niña. Mientras la estoy esperando, ella se acerca, de vez en cuando, para decirme: ¡No sé si te quiero!

 

Recuerda el río, y se inventa la mar…

Amor mío ¿a dónde vas?...

 

Hace demasiado tiempo que la vida transformó el sueño en una mentira…

«El Señor Dios nos proporcionó un vino tan potente

que al beberlo la persona abandona los dos mundos…

… escojamos por tanto el licor más puro,

el que nunca fue adulterado con el temor

ni la urgencia de lo necesario».

 

RESTOS DEL NAUFRAGIO...74


 

68.- MARÍA, LA DE VERDE...                                                                                       

 

Aquella planta había sido traída por el viento, quizá por un pájaro, un insecto tal vez. Al jardinero le gustó el color y la forma de sus hojas, por lo cual la regó con la misma frecuencia que regaba a las otras...

 

Creció tanto que llegó a superar la altura de la tapia del jardín, podía verse desde el exterior...

...Y fue del exterior de donde llegó la multa por la posesión de aquella planta Ilegal...

 

...El jardinero, mientras satisfacía el importe de la multa, no pudo menos de preguntar a qué se debía la ilegalidad de la planta, a lo que la autoridad contestó que por orgullosa, pues aún a sabiendas de que era perseguida, su falta de modestia le hacía ir siempre más allá de los límites establecidos por la ley, la tapia en este caso, ya que de no haberse expuesto a las públicas miradas se hubiese liberado de la multa y de ser arrancada...

 

...El jardinero quemó la planta en un rincón del jardín y (-envuelto en humo-) comprendió por qué los dioses, cuando se trata de honrarles con un verdadero sacrificio, se contentan con el humo...

                        ...todo comenzó a ser gracia... y risas...