110.- EN LA PLAZA
“Conozco tus obras y tus trabajos y sé que
sufres pacientemente por mí; no soportas a los malvados, pusiste a prueba a los
que se llamaban a sí mismos apóstoles y los hallaste mentirosos. Conozco tu
paciencia y lo que has sufrido por mi nombre sin desfallecer. Pero tengo en
contra tuya que has perdido tu amor del principio”...
Esta cita del Apocalipsis de Juan estaba en
la crítica que se hacía a un libro, de cuyo título no consigo acordarme, ni del
nombre del autor, ni del nombre del crítico, en el suplemento cultural de un
periódico que no se distingue precisamente por su talante religioso...
Era domingo por la mañana, y yo por aquel
entonces tenía la costumbre de desayunar en la plaza del pueblo, Santa
Gertrudis, en el centro de la isla, en la terraza del bar Ulivans, frente a la
iglesia.
Es poco lo que recuerdo de aquella mañana,
otra entre tantas; pero esta cita se me ha quedado grabada como si en aquel
momento cada palabra hubiese sido dicha para mí...
...“Pero tengo en contra tuya que has
perdido tu amor del principio”...
¿Qué me estaba pasando? ¿Qué había pasado con
mi amor del principio? ¿Cuál era ese amor? ¿Por qué sentía aquellas palabras de
un modo tan personal? ¿Quién no había dejado de pensar en mí?...
¿Qué sentido tenía mi vida? ¿Para qué, para
quién vivía...?
Creo recordar que la lista de preguntas se me
hizo interminable; y algo, sin saber muy bien qué, en lo más profundo, comenzó
a cambiar dentro de mí...
Otra mañana, hablando con don Antonio, el
párroco de San Miguel, en la tienda-bar-oficina de correos de Xicu Planas (Can
Xicu) me dijo: Miguel (...aunque quizá el término que él emplease fuese:
Señor Artista...) las bendiciones nos caen del cielo, pero nosotros nos
empeñamos en abrir el paraguas para protegernos, y así no hay manera de que nos
alcancen, no nos dan... y así vamos como vamos y pasa luego lo que pasa...

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