70.- EL CARTEL DE LA MENTIRA
Teníamos un toro más grande
que el anunciado en el cartel,
lo único que hacíamos bien era guardar el
secreto.
Nos habíamos hecho fumadores, entre otras
cosas,
por sufrir “el síndrome de abstinencia”
cada vez que apagábamos un cigarrillo...
Y finalmente, quizá por dejadez,
nos hicimos agresivos dulcemente;
incapaces de conquistar la confianza de
nadie,
alcanzábamos ese raro privilegio de la
soledad
en la que podíamos disfrutar
de nuestro aislamiento y desamparo...
Pero veamos, ¿cómo había comenzado todo?...
¿Acaso no éramos nosotros los condenados
por simular haber roto una promesa
que a todas luces aún seguíamos
manteniendo?...
Nosotros, todos nosotros, estábamos
condenados...
Pero ¿quién lo recordaba?...


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