122.- LA LLAMADA
...“Sal de tu tierra, de tu
patria y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré”...
Empieza con un abandono, un
desarraigo. Desarraigarse es dejar el lugar normal y apropiado, en el que
tenemos la impresión reconfortante de que todo está en orden; dejar el lugar
donde uno hace pie y se siente protegido frente a todo y frente a todos, pero
también protegido frente a la invasión de Dios...
A la pregunta... Maestro, ¿dónde
vives? no hay otra respuesta que... “Venid y lo veréis”. No se puede ver sin
ir. Abrahán estuvo dispuesto a ir sin haber visto primero: “Por la fe,
Abrahán, al ser llamado por Dios, obedeció y salió para el lugar que había de
recibir en herencia, y salió sin saber a dónde iba”.
Dejó el pájaro en mano para
aspirar a los ciento que vuelan. Nosotros en cambio, preferimos ver primero,
comparar, hacer cálculos, y si nos conviene, iremos. No nos gustan las
sorpresas. Leemos atentamente hasta la letra pequeña de los contratos: ¡Cuántas
aventuras y cuanta vida nos perdemos con tanto cálculo!...

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