66.- ALPREIDELMAS
Aquel arquitecto, según cuentan, era tan
bueno construyendo laberintos, que un día, por entretenerse un rato, decidió
crear uno para sí mismo...
Desde entonces nadie ha vuelto a ver al
arquitecto, pero hay una puerta, por la que aseguran que desapareció un día,
que nadie quiere atravesar; sobre la puerta hay un letrero: Alpreidelmas...
Sin apenas darme cuenta se me acaba de caer
un sentimiento sobre un esquema, estando a punto de ir al traste con la
inconsciente formulación del laberinto...
Vivo de provocar casualidades, y ni por esas.
Aspiro el aire que se filtra en el humo y me doy cuenta de que si de verdad
existiera arriba y abajo, sin necesidad de abandonar el planeta, podríamos
correr el peligro de elevarnos, sin hacer otra cosa que caer y caer realmente
elevándonos...
Gracias a esta real caída obtendríamos
nuestro toque aristocrático, más bien divino, y entraríamos a participar de ese
poder que no solemos enterarnos que tenemos... el verdadero poder siempre nos
utiliza...
-¿Otra vez?... preguntó con algo de fastidio
el Ingeniero de Ausencias.
-¡Ya ves!... dijo Cronos.
Entonces replicó el Ingeniero de Ausencias:
Pero, no habíamos quedado en que...
-¡Un momento!... interrumpió Cronos...
-¿Y quién puede adivinar lo que significa “un
momento” para el dios del tiempo...

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